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5 de septiembre de 2022, 6:00 AM
5 de septiembre de 2022, 6:00 AM

Por algún error de los estrategas del gobierno, el censo nacional, que debía haberse hecho este año, será hecho dentro de dos años.

 Para hacer un censo, el INE necesita que se le avise con tres años de anticipación, salvo que quieras cualquier resultado. La ansiedad que existe en este momento se rerfiere a la cantidad de ciudadanos que viven en Santa Cruz, según algunos.

Hay quienes creen que cuando se sepa ese detalle, se sabrá cuántos ciudadanos viven en los otros ocho departamentos, una cifra que va cambiando todos los días. Pero quienes saben de lo que se trata dicen que, en realidad, el censo servirá para saber cuántos fantamas existen en el país.

Porque así como nos ven, los ciudadanos bolivianos tenemos una cantidad de fantasmas, o de duendes electorales, que supera a los que tienen todos los demás países juntos. Eso no es un mérito del que podamos estar orgullosos. Todo lo contrario.

La verdad, la pura verdad, es que por cada diez ciudadanos reales, en Bolivia hay uno irreal, inventado, un duende electoral. Y eso ocurrió en 2009, cuando una delegación de jóvenes venezolanos llegó al país y decidió inventar, de la nada, sólo porque lo había ordenado el comandante Hugo Chávez, 1.200.000 ciudadanos demás, No era una cifra caprichosa. Resultaba de saber cuántos votos necesitaba el MAS para ganar las elecciones sin fallar. En solamente diez días, entre el 1 y el 12 de septiembre de 2009, los jóvenes venezolanos atribuyeron a las madres bolivianas el milagroso resultado de haber parido 1.200.000 demás 18 años antes.

Es decir que fue como el Espíritu Santo anticipado. Sin saber leer ni escribir, esas madres habían parido ciudadanos que en 2009  estaban autorizados a votar. Pues esos ciudadanos votaron en 2014 y produjeron el milagro de que los electores de Tarija y Cochabamba hayan sido más que los electores autorizados para votar.

Los votantes fueron 105% de los ciudadanos en edad de votar, según las cifras reales reveladas por Enrique Velazco Reckling. Y en 2019, esos mismos ciudadanos le dieron al cocalero Morales la sensación de que había ganado las elecciones, cuando las había perdido, y tuvo que huir.

Para no cansar con cifras, hay que recordar que en 2020 el ciduadanos Luis Arce obtuvo 55% de los votos sin saber ni leer ni escribir, ni contar. O sea que el censo que se viene ha de producir muchas sorpresas para los bolivianos. Algunos perderán parientes que tenían en el imaginario, o en las estadísticas truchas, pero que votaban en todas las elecciones. Una Bolivia de la fantasía masista. La Bolivia trucha se habrá acabado.

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