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13 de abril de 2023, 4:00 AM
13 de abril de 2023, 4:00 AM

Por Ilya Fortún, comunicador social

En mi última columna prometí escribir esta semana sobre los efectos políticos de la crisis económica y, como soy un hombre de palabra, cumplo con lo prometido, a pesar de que mis instintos políticos me susurran que es un poco pronto para medirlos con certeza. Por suerte sabemos que el oficio del columnista tiene más que ver con las elucubraciones que con las certezas, así que vamos adelante.

Y tampoco nos engañemos con eufemismos, cuando hablo de efectos políticos transcurrido ya mas de la mitad del periodo de gobierno, usted sabe que me estoy refiriendo a los efectos electorales, pues el proceso electoral está a un paso de comenzar, incluso en sus plazos administrativos. El tiempo pasa volando y henos aquí hablando otra vez de elecciones.

Hablemos primero del efecto que está teniendo la crisis en el partido de gobierno (si es que todavía se puede hablar de un partido de gobierno). Asumo (porque todavía no lo he constatado con una investigación), que el efecto en el presidente Arce es y será devastador. Digo esto porque en lugar de encarar la crisis como una oportunidad para sostener la creencia (cada vez más dudosa) de que es un crack de la economía, y tomar medidas para resolverla, lo que está haciendo es negar la crisis y creer que la gastada narrativa política resolverá los serios problemas que arrastra nuestra economía. 

Lo digo porque también creo que no será fácil que la gente le crea el absurdo cuento de que la culpa de la inflación la tiene el paro cruceño de 36 días. La crisis se lo va a cargar porque la crisis, al contrario de su discurso es real y está tocando el bolsillo de la gente, y porque él es un simple cajero que no tiene la talla de estadista para afrontar un momento tan complicado.

Para el otro, el que escapó lloriqueando en un avión de bandera extranjera cuando las papas quemaban en lugar de honrar su eterno cacareo de “patria o muerte”, la crisis será el escenario perfecto para demoler a su principal adversario (el cajero); la apuesta de Morales será la de culpar todos los días a Arce de la crisis, e intentar que la gente recuerde que cuando él era presidente éramos un país de ricos y, ahora después de la derecha (en la que pondrá en la misma bolsa a Jeanine Añez y a Arce como un infiltrado derechista en el MAS), hemos vuelto a la pobreza y por tanto él debe regresar. Suena fácil, pero cuando tienes los problemas de imagen que tiene Morales, nada es fácil.

El desguazamiento mutuo entre Morales y Arce los llevará a ambos al mismo lodo, cosa que probablemente será aprovechada por alguno que otro masista que haya sabido o podido mantener un perfil más bajo mientras los líderes del MÁS se masacran en público; de allí podría salir incluso otro desgajamiento del MÁS.

En la esquina de la oposición la primera constatación es que lo que tenía que haber ocurrido no ocurrió, y ya es tarde para que ocurra. El joven o la joven de cuarenta años que debía irrumpir en la política diferenciándose del masismo decadente que yo no tiene nada que ofrecerle al país y diferenciarse también de la vieja y desprestigiada política tradicional, nunca llegó. La nueva figura que debía cautivar a las clases medias, que debía construir y ocupar el centro político con una nueva propuesta ciudadana, que debía integrar a oriente y occidente y abrir un nuevo ciclo político, nunca apareció.

Quedan los malos conocidos (unos realmente malos y otros no), y de ellos y de sus chances hablaremos más adelante. Pero más que de ellos, habrá que hablar de las circunstancias en las que les tocará afrontar una elección presidencial, pues eso será lo que defina el perfil del candidato necesario y será determinante en las chances que cada uno de ellos tenga.

La última vez que el país sufrió una catástrofe económica como la que podría venir en los próximos dos años, allá en el año 1985, el país, aterrado por la crisis, eligió a un hombre casi octogenario, aburrido, con un pasado complejo no exento de sombras, pero con gran capacidad, experiencia y visión histórica. 

El país sabía que requería una cirugía mayor para no perecer, y apostó por la capacidad del médico, al margen de su popularidad y su simpatía. ¿Se parecerán las circunstancias del 2025 a aquellos aciagos momentos?, ¿Volveremos a la misma encrucijada 40 años después? Clarito será.

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