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7 de marzo de 2022, 4:00 AM
7 de marzo de 2022, 4:00 AM

Walter Alpire M /Economista

La última época, alrededor de un año, se han venido publicando una serie de artículos cuyo fondo es posicionar en la mente de los cruceños, que el resultado de su situación actual es producto de la mentada Revolución Nacional de 1952. Me da la impresión de que están nerviosos e inquietos porque se acerca el 70 aniversario de este fenómeno político social. Es posible incluso, que se prepare una fiesta de celebración por este acontecimiento.

Afortunadamente, el 9 de enero de este año, publiqué en este mismo medio de comunicación, un artículo con el título de “Víctor Paz Estenssoro”, donde demostramos que los famosos postulados de la Revolución Nacional fueron un total fracaso. La nacionalización de las minas, por su pésimo manejo político y administrativo, mandó la economía boliviana a la lona, con una brutal hiperinflación. Con eso lo decimos todo.Estuvimos a años luz de poner un horno de fundición de estaño.

La reforma agraria no pudo ser más mal hecha porque no había cómo. Cochabamba, el granero de Bolivia, quedó destruida para siempre y además, los problemas de la tierra persisten con mayor dimensión hasta ahora, 70 años después, cuando a estas alturas, si las cosas hubieran funcionado como se piensa, por lo menos deberíamos ser un gran productor de café, que tanto se insiste y que me parece una buena idea. Hoy, el problema de la tierra, tiene características depredadoras y eso es decir bastante. Incluso parece que ahora, la tierra es de quien no la trabaja. ¿De quién es la culpa?

Hablamos de convivencia entre los bolivianos, entendimiento de occidente con oriente, decimos que estamos mejor formados e informados que hace 70 años. Asistir a la escuela y saber leer y escribir no es estar mejor formado e informado, podemos ser hasta analfabetos funcionales. La prueba es la conducta de los bolivianos en general, los índices de criminalidad son mayores hoy que hace 70 años. La Revolución Nacional no se acercó jamás a obtener el nuevo hombre boliviano, basta mirar a nuestro alrededor. Construir escuelas no es la solución, que es mucho más compleja. Hoy día, el promedio de escolarización en Bolivia es de nueve años y medio, distante de los 12 años de bachillerato, o sea que hoy, en promedio, no hay profesionales en Bolivia. En Chile, el promedio de estudio es de 17 años, o sea, todos son profesionales.

La carretera Cochabamba-Santa Cruz empezó a construirse en 1943, cuando el Sr. Marwin Bohan presenta su informe en 1942, con la necesidad de vincular oriente y occidente. El Banco Minero se funda en 1936. En 1942 el Gobierno de Peñaranda fundó la Corporación Boliviana de Fomento y el Banco Agrícola de Bolivia. Los ferrocarriles Corumbá-Santa Cruz y Yacuiba-Santa Cruz, empezaron, el primero a fines de la década de los 30 y el otro a comienzos de la década de los 40. Víctor Paz Estenssoro, oportunista, se apresuró a inaugurar la carretera a Cochabamba en septiembre de 1954, cuando realmente se concluyó en 1957 y totalmente acabada en 1965, para anticiparse a la conclusión del ferrocarril Corumbá-Santa Cruz.

Sin decirlo, el Plan Bohan y el financiamiento de los proyectos por los organismos internacionales de crédito, fueron una especie de compensación a las pérdidas de Bolivia durante la Segunda Guerra Mundial, por el bajo precio de nuestros minerales, según comenta el economista Ángel Castro Bozo, en su libro “Santa Cruz, la mayor inversión, 1825-2000”. El Gobierno de la soberana “Revolución Nacional”, quiso redireccionar esos créditos hacia los Yungas, porque los gobernantes eran básicamente paceños. USA dijo que no y listo. ¿Por qué el Gobierno del MNR odiaba a Santa Cruz, al extremo de no querer reconocerle las regalías del 11%? Simple, a mi parecer, porque el racismo y el regionalismo están por encima de la ideología. Eso lo vemos en todas las partes del mundo.

Hay algo fundamental que debemos aclarar, en 1971 no fue una insurgencia de militares contra militares, nada más errado, eso es tergiversar la historia. La revolución de 1971, fue un alzamiento del pueblo, incluidos los militares, contra una izquierda radical e infantilista, como llamaron los propios izquierdistas, que había capturado el poder a través de unos cuantos militares que en ese momento se sintieron predestinados a llevar a Bolivia hacia el comunismo internacional. Fue la convicción de patria, la que hizo que el MNR, FSB y los militares se unieran. Hoy, ¿dónde hay comunismo?

En fin, podríamos comentar interminablemente estos hechos, pero no es necesario. Lo que tenemos que decir irremediablemente es que, tras la Revolución Nacional, se vino la soberbia para eternizarse en el poder a través de la violencia política, como política de Estado, comenzando con la amenaza personal de Paz Estenssoro a Únzaga de la Vega y con la instalación de los campos de concentraciones, prisiones, torturas, exilios, confinamientos y muertos, como los 19 fusilados a mansalva en el Cuartel Sucre, al más puro estilo de Plácido Yáñez. Más otros muertos en persecuciones y detenciones. El tercer nivel de mineros, patrullaban de noche las calles de La Paz, “protegiendo” la revolución nacional, contra cualquier ciudadano que osaba caminar más allá de las nueve de la noche, sembrando el terror en los hogares paceños.

Ahora, recapitulando sobre lo comentado, podemos decir que fueron el Movimiento Nacionalista Revolucionario y su revolución nacional, los que trajeron los graves males al país. La corrupción hizo presa de todos los poderes del Estado. El contrabando adquirió carta de ciudadanía y se convirtió en profesión. El tráfico de drogas se oficializó, al extremo que en el despacho del jefe de policías, había cocaína, tal como lo cuenta el Ing. Walter Vásquez Michel, en sus “Memorias”. La inmoralidad de la administración pública se hizo general, con la coima, los cupos, sobreprecios, asaltos oficiales con el abuso de poder, etc. La Justicia empezó a ser frenéticamente violada, por eso los culpables nunca fueron castigados.

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