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14 de marzo de 2022, 4:00 AM
14 de marzo de 2022, 4:00 AM


Los menonitas son un grupo étnico-religioso sajón (suizo-alemán-holandés) que surgió en el siglo XVI con la reforma religiosa iniciada por Martin Lutero; el grupo pacifista derivado del anabaptismo liderado por Menno Simons (1537) tuvo desde su origen diferentes etapas migratorias por Europa (Suiza- Alemania - Holanda, Ucrania, Rusia).

Llegaron en el siglo XX a Canadá y luego a México, otro grupo desde Alemania llegó a la región sur de Brasil y luego también a Paraguay. A finales de los años 50 llegaron los primeros menonitas a Bolivia, animados por el entonces presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro, que buscaba su destreza campesina y la ocupación de la rica zona agrícola de la llanura del oriente boliviano. Y desde entonces hasta ahora se han conformado más de 60 colonias de menonitas en Santa Cruz, lo que hace que sea un grupo con más de 70.000 miembros, gran parte de ellos ciudadanos bolivianos útiles, trabajadores y productivos.

La actividad básica de la comunidad menonita es el cultivo del campo, así como la crianza y aprovechamiento de diversas especies animales. Los menonitas migrantes nacidos en países latinoamericanos han construido una narrativa que les permite edificar diferentes identidades y sobreponerse al destierro europeo y ser prósperos.

Gente ordenada, disciplinada, trabajadora y, al mismo tiempo, rodeada de una aureola de controversia que arrastran desde sus primeros asentamientos en Latinoamérica. En términos generales estamos hablando de un sector que controla la quinta parte de la frontera agrícola de Bolivia y que tiene muchas conquistas alcanzadas.

En el campo agrícola los métodos de producción practicada por los menonitas no son necesariamente sostenibles debido a la intensidad del uso del suelo, la falta de rotación, los sistemas convencionales y en la mayoría de los casos con labranzas destructivas con ruedas de hierro, uso indiscriminado del “Rome Plow”, exceso en el uso de agroquímicos con lo que se obtienen soya, trigo, girasol, sorgo, maíz, entre otros cultivos.

Generalmente priorizan la reserva de rastrojos en lugar de dejarlos sobre el suelo para usarlos como forrajes para sostener las vacas que ordeñan, que es parte de la base de la subsistencia de la colonia: leche, quesos, mantequilla.

Después de los bolivianos y de los brasileños, los menonitas de Santa Cruz son quienes más superficie de soya cultivan en el país. Según algunos investigadores, alrededor del 16% de la soya que se siembra en Bolivia corresponde al trabajo de los menonitas, luego están productores, japoneses, argentinos y otros.

El principal, más notorio y denunciado impacto ambiental de la actividad de los menonitas en América Latina ha sido y sigue siendo la deforestación y la destrucción de ecosistemas naturales muy sensibles, frecuentemente sin autorización o autorizaciones dadas por funcionarios ineptos y corruptos.

Cuando los menonitas llegaron en gran número a Bolivia, deforestar era considerado una mejora. En la actualidad y de acuerdo al conocimiento, en base a las observaciones y resultados que tenemos, sus actividades son altamente impactantes en el ambiente. Eso, que hasta medio siglo atrás era por muchos considerado un hecho positivo, es ahora un problema creciente, delicado y serio ya que, en toda América del Sur, la deforestación y la contaminación han superado el límite de lo tolerable para el bienestar de la humanidad.

Todos estos cuestionamientos que ahora hacemos no dejan mal parados solo a los ciudadanos bolivianos de culto menonita, sino los que han fallado son las autoridades y funcionarios nacionales que no acompañan con funcionarios probos el desarrollo de la actividad agropecuaria cruceña, extraordinariamente dinámica.

Definitivamente hay que hacer acatar las normas que rigen en el aspecto de desmontes, respetar las áreas sensibles ambientalmente, debiendo ser obligatorio para absolutamente todos los actores rurales el apego a toda norma actual y futura que conlleve a una actividad agropecuaria y forestal respetada, productiva, limpia, sustentable y con procesos sostenibles.

La planificación espacial agropecuaria debe ser desarrollada por gente profesional comprobada, así no aparecerán puentes por generación espontánea. Además, ¿cómo pues un puente en el país tranca? Pongan 100 trancas y rompemuellles y nadie se quejará, bloqueen tres veces por mes y nadie dirá nada, ¿pero construir un puente? ¡Qué sacrilegio!

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