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10 de julio de 2024, 4:00 AM
10 de julio de 2024, 4:00 AM

Bolivia y Brasil pusieron en marcha una nueva era en sus relaciones. Así lo anunciaron los presidentes Luis Inácio Lula da Silva y Luis Arce tras reunirse en esta capital. Esta nueva etapa irá “más allá del gas” para priorizar la integración física y las políticas de desarrollo sostenible. 

La nueva agenda incluye también la cooperación contra el crimen organizado, especialmente aquel que está al servicio del narcotráfico y delitos conexos. También se prevé la actualización de la política migratoria y existen varias buenas intenciones en materia de salud. 

Por otra parte, el proyecto férreo de integración de los océanos Atlántico y Pacífico, resaltando la posición estratégica de Bolivia, retornó a la agenda bilateral. Este plan había quedado relegado por la puesta en marcha de otras iniciativas por otras regiones de América del Sur. 

“No tenemos toda la riqueza tecnológica de otros países, sin embargo, la naturaleza nos ha brindado una riqueza que el mundo necesita hoy y que se encuentra en nuestra querida Sudamérica; lo mismo para producir alimentos, como para regular y explotar minerales críticos, para explotar los minerales de la transición energética”, dijo Lula sin mencionar a la Amazonia. 

La “desgasificación” de la agenda bilateral coincide con una cruda realidad, porque Bolivia tiene cada vez menos gas y las inversiones en favor de la exploración de hidrocarburos se han hecho esperar por las duras condiciones legales que enfrentan las empresas petroleras. 

En 2025, además del bicentenario de Bolivia, se cumplirán 20 años del referéndum del gas, el paso clave que posibilitó la nacionalización de la industria petrolera nacional y el nacimiento de una ley, cuya viabilidad ya no existe. Hay proyectos de reforma que no se han hecho sobre esa ley y, seguramente, tocarán con el próximo proceso electoral. 

Brasil le seguirá comprando gas a Bolivia, pero ya no en las mismas condiciones que en la denominada “época de oro”. El presidente Luis Arce, por su lado, defendió la política “redistributiva” del modelo económico que se puso en marcha a partir de esa “nacionalización”. 

La visita fue completada con un encuentro empresarial, donde el pedido de la seguridad jurídica fue un elemento clave para atraer inversiones al país. En efecto, el país necesita más certidumbre y desarrollo institucional para evitar que las dudas afecten la democracia. No ayudan mensajes que alertan, por ejemplo, sobre los riesgos de un acortamiento de mandato.

Ya en el ámbito político, el llamado de Lula a la unidad contra “la extrema derecha” se dio en momentos en los que el nuevo gobierno de Argentina, liderado por Javier Milei, impulsa reformas llamadas libertarias. Milei, que ha exteriorizado fuertes críticas a los gobiernos de Lula y Arce, navega en solitario en una Sudamérica rodeada por gobiernos marcados por la izquierda. 

Pero, con más de 3.000 kilómetros de frontera, Bolivia y Brasil son socios estratégicos, aunque no ajenos a las tensiones políticas que pueden complicar el cumplimiento de los objetivos de la nueva agenda bilateral. Por eso, los dos presidentes hablarán seguido para cumplir la agenda.

“La integración no es solo retórica en época de discursos electorales; la integración es una necesidad de los países de América Latina; de Brasil y de Bolivia”, alertó Lula, el presidente que, a pesar de las señales previas, retornó sin conversar con Evo, a quien llamó “su hermano menor”.

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