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16 de diciembre de 2022, 7:00 AM
16 de diciembre de 2022, 7:00 AM

Las imágenes de una locomotora que arremete de frente sacudió al mundo en 1895, gracias a la maestría de los Hermanos Lumiere. El séptimo arte era realismo puro y una tela blanca hacía magia ante los ojos atónitos del público. Algunos saltaron de sus asientos, las imágenes eran tan fuertes que hasta abandonaban excitados el local. Eran testigos del nacimiento de una nueva era.

Más de 120 años después veíamos ayer también atónitos una locomotora ingresar a Santa Cruz de la Sierra en medio de mercaderes, invadiendo las vías, los espacios y la estación ferroviaria, intentando desesperados vender productos textiles para ganarse el pan del día. La analogía refiere a la incredulidad de la imagen. ¿Ficción o realidad?

Los espacios públicos y privados hoy se han transformado en un despropósito, un absurdo. En paralelo, la calidad de vida de la gente se ha deteriorado en tiempo récord. La ciudad ya era un caos, pero se ha potenciado a niveles insospechados. De las promesas electorales referidas al reordenamiento de la ciudad, queda poco y nada.

Después de los 36 días de paro, Santa Cruz de la Sierra merecía un ‘manos a la obra’ de inmediato. Pero sucedió todo lo contrario. Y como si esto fuera poco la invasión permanente e impune de los espacios públicos, nos impide ver otros temas estructurales que no se logran resolver.

Desde los compromisos asumidos tras ser posesionado el 3 de mayo de 2021, el burgomaestre cruceño debió enfrentar múltiples problemas, aunque superables con planificación y un equipo competente que le ayude, contando también con un buen presupuesto para modificar lo malo y reforzar lo bueno. Sin embargo, hoy la ciudad está sumida en múltiples problemas que hacen la vida a cuadritos de sus habitantes.

Del tren urbano no se ha visto ni los planos y menos del reordenamiento del transporte público que cada día le rompe los nervios a cualquiera. Tampoco se vieron acciones callejeras para impulsar una campaña de educación vial.

Dentro del plan de Movilidad Urbana, aun no se soluciona el BRT que por un lado quedó entre cajones judiciales y por otro sigue estorbando un primer anillo que provoca accidentes e incordios en el libre tránsito citadino. Recuperar el Mutualista, las ciclovías y los canales de drenaje, siguen pendientes.

Hasta ayer estaba a la espera el contrato de la limpieza y recojo de basura, mientras que el servicio se las arregla con lo que tiene y la ciudad lo sufre y lo huele. Sigue en planes la construcción de viaductos, la nueva terminal de buses, así como la construcción de un centro de alto rendimiento deportivo, el bulevar para el canal Isuto, los parques acuáticos distritales y el ansiado anfiteatro municipal en el Parque Urbano, entre algunas de las obras anunciadas.

El proyecto de revitalización del centro de la ciudad quedó trunco al iniciar el recambio de losetas. Después del conflicto vecinal que generó el intento de recambio, la comuna solo apareció por el centro para poner angelitos con luces para Navidad.​ Con la impotencia que nos embarga vemos que se siguen comiendo el cordón ecológico, último bastión de una ciudad que se va al agua. Similar pérdida, descuido y desmembramiento con el cambódromo, que de a poco, se queda sin vallas y un largo etcétera.
Santa Cruz despide el año con una bolsa de deberes por hacer y con un saco roto de promesas.

Aunque se brinde por la esperanza, seguiremos viendo con dolor una ciudad abandonada a su suerte. Tal vez la reacción del ciudadano emerja de nuevo para poner las cosas en su lugar.

Es cuestión de hacer historia.

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