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Desde hace 16 años el Fenavid reúne a jóvenes realizadores del continente para que en equipos de cinco personas asuman el reto de producir cortometrajes en 100 horas bajo un lema que es común para todos y con al asesoramiento de cineastas expertos y actores de prestigio que colaboran en esas producciones.

Los grupos de trabajo son sorteados y sus integrantes, la mayoría de las veces, no se conocen y colaboran por primera vez. Así inician una experiencia de integración, intercambio de ideas y vivencias que va más allá de la competencia y de la producción que finalmente presentan.

El éxito que ha tenido el Proyecto Santa Cruz 100x100 es replicado, desde hace cinco años, en el Festival Florianópolis Audiovisual Mercosur, en Brasil y hay interés por repetir ese modelo en Colombia, Argentina y Paraguay; de los dos últimos países mencionados han llegado al Fenavid 2021 para observar la metodología en la que se trabaja y aprender de este proyecto.

“Se conoce el Santa Cruz 100x100 más afuera de Bolivia que dentro”, dice sin falsa modestia Alejandro Fuentes, creador del Fenavid y gestor del proyecto.

Fuentes indica que hay muchos rallies cinematográficos alrededor del mundo, pero la singularidad del Santa Cruz 100x100 es que pese a ser una competencia, lo que prima es compartir entre todos en un ambiente distendido. Es frecuente ver a un actor o realizador de prestigio charlando en los pasillos de alguna de las sedes del evento con jóvenes que recién empiezan. “Lo bonito es que todos hacen contacto, constantemente están hablando, por eso es que el Fenavid es de nosotros. La diferencia también es que como los chicos, que son de diferentes países, empiezan a conocerse en el armado del guion, ven sus diferencias culturales, diferencias de miradas cinematográficas y miradas de la vida; entonces ahí empieza la discusión y a empatizar entre ellos. Se crea un lazo tan fuerte entre ellos que hubo un año que nadie quiso entregar el trabajo final si no podían todos”, cuenta Fuentes.

Para el documentalista y sociólogo Iván Molina, asesor del proyecto desde hace diez años, lo que ha hecho y hace ‘exportable’ el Santa Cruz 100x100 es su filosofía en la que prima aprender a hacer equipo, a convivir en la diversidad. “Hablamos permanentemente de que somos un país inclusivo, plurinacional, pero en las relaciones reales no es cierto, porque nos cuesta aceptar al otro y menos convivir con el otro, lo que también sucede en el mundo. Entonces, este proyecto no solo pasa por un intercambio de conocimientos e intercambios de experiencias audiovisuales, creo que el objetivo final es aprender cómo hacemos un mundo diverso y equitativo a partir del oficio que nos toca hacer”, reflexiona Molina y agrega que “no solo es la riqueza del intercambio entre estudiantes, sino también entre docentes y con otros profesionales; todo en un sentido colectivo, porque se rompe la escolástica, es decir el profe es el iluminado y los alumnos son los que escuchan y aprenden, mientras que en el caso del proceso metodológico del festival lo que hacemos es un equipo de trabajo donde compartimos experiencias entre todos y a la misma altura”.

El compositor y maestro en artes musicales Óscar García, autor de la música de varios largometrajes nacionales es también asesor del Santa Cruz 100x100 desde su primera versión. Él sostiene que lo que hace valioso al proyecto es básicamente el componente formativo. “Las personas jóvenes en este proyecto se forman y desarrollan un espíritu creativo. Si se suma la experiencia con la que vienen, más la de los asesores, más el paraguas del festival esas 100 horas se convierten en caldo WWde cultivo para la creatividad, para el esfuerzo creativo”, opina García.

Karina Neme, vicerrectora de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica de Cine (Enerc) de Formosa, participa en esta nueva versión del Fenavid como jurado, pero también para conocer lo que es el Santa Cruz 100x100 desde dentro y tratar de replicar en su país la metodología “Sobre todo vengo a aprender”, aclara la también cineasta. “Me parece que todas las construcciones se hacen en el proyecto son a través de la diversidad, del intercambio de miradas y entonces, eso nos permite también reconocer otros territorios y otras formas de contar. Llevar esta posibilidad a Formosa nos parece importante”, concluye Neme.

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