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Ayudan a un mejor desarrollo del cerebro, son aliados para lograr una aceptable musculatura, retrasan la oxidación del cuerpo, cuidan la piel, miman al corazón, controlan los efectos de la obesidad, generan tranquilidad y en muchos casos hasta se convierten en un escudo contra algunas variedades de cáncer.

A pesar de estos dones, los ‘superalimentos’ bolivianos como la quinua, cañahua, amaranto, soya, sésamo y la chía, mirados de reojo por el mercado interno y muy codiciados por el externo, sufren de un mal crónico que desde hace siete años los pone en apuros.

El año 2013 fue el de mayor esplendor. Los valores obtenidos por la exportación sumaron $us 486,4 millones, pero en las siguientes gestiones la comercialización y cotización de estos productos tuvieron un comportamiento irregular.

Así, tras el excelente desempeño de 2013, los siguientes años, el ingreso por ventas fue disminuyendo hasta llegar a sus niveles más bajos. Por ejemplo, en 2017 fueron $us 114,5 millones y $us 121,5 millones (2018), según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) con datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Si se toma en cuenta el año dorado para las exportaciones, meta que productores y exportadores quieren volver a alcanzar, la reducción del valor generado por las ventas a los mercados internacionales es del 70%. Al caer de $us 484,6 millones de 2013 a $us 141,5 millones en 2020, cifra que preocupa al sector, pero que no lo amilana.

Frío y constancia

En el Altiplano boliviano, especialmente en el intersalar entre Oruro y Potosí, se produce la quinua real, un alimento curtido al frío y a la falta de lluvias, que es uno de los ‘superalimentos’ andinos de mayor reconocimiento internacional y cuyos principales mercados son Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE).

Sin embargo, a pesar de las virtudes del grano, de acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, el consumo per cápita es de 2,4 kilos, considerado bajo en comparación con otros alimentos como el arroz que es de 35 kilos o la papa que llega a 92 kilos.

Sobre el tema, Ernesto Peca, subgerente comercial de la Asociación Nacional de Productores de Quinua (Anapqui), lamentó que en el país no se valoren las propiedades nutritivas de la quinua real y que por ello se deba mirar al mercado internacional, que últimamente se ha mostrado muy inestable en cuanto a los precios.

Peca precisó que el mercado externo está pagando $us 2.000 por la tonelada de quinua real, cuando en anteriores gestiones cotizaba a $us 2.500. Mientras que en el mercado interno, en una primera cotización, el productor logra cobrar al intermediario Bs 400 por el quintal, aunque Anapqui paga a sus afiliados Bs 600 con el objetivo de incentivar la producción.

Sin embargo, no es suficiente y la oferta que mensualmente llegaba a las 600 toneladas, tuvo una caída que oscila entre el 30 y el 40%, si se compara con las gestiones de 2018 y 2019.

“A pesar de estos inconvenientes y de que hay nuevos países que producen la quinua, como EEUU y Francia, seguimos trabajando para ofrecer una quinua real orgánica de máxima calidad”, sostuvo Peca.

Una prima nutritiva

La cañahua es otro grano que se lleva bien con la altura, el frío y las temperaturas templadas de los valles. Es pariente cercana de la quinua, pero más resistente a las sequías y, de acuerdo con los expertos, un 22% más nutritiva.

Desde la Fundación para la Promoción e Investigación de Productos Andinos (Proinpa), explicaron que el grano es uno de los menos conocidos y aprovechados en el país, a pesar de que contiene grasa de origen vegetal que contribuye a reducir la producción de colesterol en el organismo, compensa el déficit de ácidos grasos y equilibra el sistema nervioso.

En palabras de Trigidia Jiménez, productora de cañahua, es una plantita que trae paz y enseña a respetar el entorno y a tener una conducta de agradecimiento por lo que la tierra brinda.

Jiménez, desde Toledo (Oruro), contó que hace 19 años que conviven con la cañahua y que, debido a la llegada de otros alimentos, su consumo en el país es marginal. Dice que la situación no le preocupa sino más bien la estimula para seguir trabajando y promocionando este ‘superalimento’ nacional.

Su rendimiento oscila entre los siete y ocho quintales por hectárea (ha), a veces se llega a los 12 quintales y, en casos excepcionales, cuando se recurre a la tecnología, alcanzan los 20 quintales por ha.

Al igual que otros productos, es la variación de precios lo que ha provocado que su exportación sea de menor. En Caracollo (Oruro) es donde se definen los valores para el mercado interno. Los precios, que el primer intermediario le paga al productor se ubican entre los Bs 80 y 120 por quintal. Mientras que, el primer intermediario le cobra al segundo, que luego realiza una limpieza del grano, hasta Bs 550 por quintal y; finalmente, el segundo intermediario cotiza el producto a un máximo de Bs 800.

En lo que respecta a los costos para la exportación, el quintal oscila entre los Bs 900 y 1.200, valores que, de acuerdo con Jiménez, no son muy atractivos para los agricultores debido a los costos de producción que asumen.

Rendimiento, el desafío

El amaranto es una pequeña semilla que tiene múltiples propiedades saludables: aporta energía, proteínas de gran calidad y abundantes minerales y vitaminas del grupo B.

Es anticancerígeno, ayuda a disminuir la presión arterial, es un aliado para el cuidado de los huesos, un buen gendarme que controla el colesterol y un ‘gran acelerador’ para bajar de peso.

Esta maravilla de alimento se produce en un 70% en los Valles chuquisaqueños, el resto en La Paz, Cochabamba, Tarija y Santa Cruz. Su baja mecanización es uno de los principales cuellos de botella para incrementar su producción.

Leymar Mojocoya, de camino a Redención Pampa (Chuquisaca), productor de amaranto, lamentó que actualmente los precios estén muy bajos y que, de Bs 900 el quintal, se esté pagando Bs 500, valores históricamente menores.

Otro de los aspectos que se debe mejorar son los rendimientos que actualmente se ubican en una tonelada por hectárea, cuando en Perú y México llegan a las dos y tres toneladas, respectivamente.

Santa Cruz presente

En este club de los alimentos de gran poder nutritivo, la soya, el sésamo y la chía se constituyen en los principales representantes de esta parte del país.

La soya contiene los nueve aminoácidos esenciales para el organismo. Es, por lo tanto, una buena fuente de proteína vegetal, de vitaminas y de minerales cruciales para reducir el riesgo de sufrir enfermedades crónicas.

A diferencia de los anteriores granos, el precio internacional de este alimento se cotiza por encima de los $us 500 por tonelada, lo que ha permitido proyectar a la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) un pago a los productores de $us 400, por tonelada, aspecto que la institución considera un incentivo.

El sésamo, un alimento altamente energético, fuente de varios minerales, como magnesio (350 mg), importante para el normal funcionamiento de los músculos y huesos, de acuerdo con el IBCE, en 2020 y con $us 22 millones, tuvo el mejor desempeño desde 2010.

A su vez, la chía es un alimento para combatir el colesterol alto y para prevenir las infecciones. Si bien en 2020 cerró con un valor de venta de $us 22 millones, aún está lejos de los $us 51,3 millones logrados en 2013. Aunque los productores tienen buenas perspectivas para esta gestión, dependerá del mercado externo.

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