24 de febrero de 2023, 4:00 AM
24 de febrero de 2023, 4:00 AM

Era un secreto a voces. La democracia boliviana, al margen de la falta de respeto al Estado de derecho o la ausencia de una justicia independiente y proba, también está bajo la amenaza de la desinformación que se viraliza en redes sociales y que es gestionada por operadores que se esconden en el anonimato, administran miles de cuentas falsas de Facebook o Twitter, viralizan discursos falsos o engañosos y tratan de imponer una determinada narrativa sobre los hechos de coyuntura.

Las llamadas granjas de troles fueron descubiertas en 2016, cuando una investigación oficial confirmó la interferencia rusa en las elecciones que llevaron a Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. En esas organizaciones trabajan cientos de usuarios hábiles en el manejo de redes y en manipular datos y algoritmos para mentir y engañar a gran escala. No en vano los troles han sido bautizados como “sicarios de la verdad”.

El caso de Estados Unidos fue el primero; posteriormente, investigaciones académicas revelaron los mismos mecanismos de propaganda en la campaña de Jair Bolsonaro en su primera y única elección en el referéndum del Brexit que derivó en la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea.

En Bolivia, gracias al trabajo de las verificadoras Chequea Bolivia y Bolivia Verifica se detectaron las primeras huellas de los troles que operaron en las elecciones de 2019 y 2020. Ambas organizaciones periodísticas lograron identificar extensas cadenas de grupos de Facebook que viralizaban mensajes a favor del MAS o en contra de los opositores al partido en función de Gobierno.

Las verificadoras bolivianas también establecieron que buena parte de las granjas operaban en México, Argentina y Cuba. Y no, no fue por el uso de alta tecnología, sino un trabajo minucioso y serio, porque todos dejan sus huellas digitales en internet.

En consecuencia, el anuncio de Meta sobre el desmantelamiento de redes de cuentas falsas relacionadas con los gobiernos de Cuba y Bolivia confirma la encomiable labor de periodistas y activistas que lanzaron alertas hace por lo menos tres años. Sin embargo, hay un dato que llama la atención: Meta ha informado que los troles bolivianos, autodenominados “guerreros digitales”, han invertido más de un millón de dólares en anuncios pagados en Facebook.

La gran pregunta es: ¿de dónde salió el millón de dólares que se gastaron para mentir y engañar? La respuesta es obvia, mucho más si se considera que el exministro de Gobierno Carlos Romero ha dado nombres de funcionarios que se dedican a este innoble oficio en oficinas gubernamentales.

La ministra de la Presidencia, María Nela Prada, anunció una petición de informes a Meta. Curiosa determinación. Podría ser más efectivo hacer una auditoría de los gastos realizados por el Gobierno en la publicidad pagada en Facebook, los desembolsos, intermediarios, etc.

Ciertamente, no solo hay guerreros azules. Una investigación de periodistas tarijeños también estableció el gasto de dineros públicos en la organización de troles que operaron en la elección de gobernadores a favor de Adrián Oliva, pero no hubo un fiscal o un policía que actúe con la prontitud necesaria.

¿Qué hacer frente al sicariato de la verdad? La sociedad debe ser orientada y estar prevenida. Dudar de lo que uno lee o mira y comparte es una actitud sencilla y responsable. Los periodistas también tienen un enorme desafío; son buscadores natos de la verdad frente a manipuladores que cobran por mentir. Detrás de los troles hay grandes intereses y serias amenazas. Es necesario estar conscientes de ello.

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