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8 de junio de 2023, 4:00 AM
8 de junio de 2023, 4:00 AM

Por Ilya Fortún, comunicador social 

El Gobierno está necesitado, entre otras cosas, de mucha bulla para distraer la atención de la opinión pública de los temas que lo tienen contra las cuerdas, y por eso ha arremetido contra Amparo Carvajal, Rómulo Calvo y Fede Morón.

Muchos piensan que esos temas que el Gobierno intenta tapar con estos infames atropellos judiciales, son los que están ligados a la agenda mediática, es decir corrupción y protección al narcotráfico. Efectivamente los titulares de prensa están plagados hace semanas de nauseabundos escándalos relacionados a estos temas: los robos del exministro de Medio Ambiente, el tráfico de drogas a través de la línea aérea estatal, el tenebroso caso del Banco Fassil, etcétera. Yo creo que por muy graves que sean estos casos, no son temas que amenacen realmente la viabilidad del Gobierno.

La gente sabe hace muchísimo tiempo que el Gobierno y toda la tropa de masistas son unos corruptos marca diablo, y tiene también medio asumido que el narcotráfico es un elemento inseparable de la economía nacional, con todo lo malo y lo bueno que eso implica. Quiero decir que éstos no son temas nuevos. Es cierto que son temas que joden y que fatigan a la gente desde hace varios años, pero no son temas que generen movilización y articulación de protesta social. La prueba es que, mientras hubo plata, los niveles de conflictividad social han sido muy bajos.

Los problemas con los que el MAS nunca tuvo que lidiar, que son nuevos y que son potencialmente mortales son otros, y tienen nombre y apellido: inflación y devaluación de facto. Acá no hay mucho dónde perderse: la falta de dólares hace que los importadores y contrabandistas suban sus precios, y eso ocasiona automáticamente una subida de los precios de una enorme cantidad de productos, muchos de ellos de primera necesidad.

La corrupción, el narcotráfico y sus nexos con el Gobierno y la persecución política son para la gente temas relativamente abstractos que afectan a políticos y a poderosos en general, y por eso tienden a ser de alguna manera tolerados, repito, mientras haya plata. Mientras que la subida de precios afecta directamente a la gente, especialmente a los que menos ganan, es decir a la inmensa mayoría.

El Gobierno no ha podido y no podrá resolver el tema económico de fondo y por lo tanto la espiral inflacionaria y su impacto en el empleo no se detendrá. Con este panorama por delante, es previsible que la conflictividad social tienda a complicarse más temprano que tarde. Éste es el problema de fondo del Gobierno y, ante algo así, no hay narrativa ni propaganda ni maniobra distractiva que sirva realmente. Por consiguiente esta nueva arremetida autoritaria y fascistoide en contra de la oposición y de Santa Cruz, no le servirá de nada al Gobierno. Es más, lo único que conseguirán es ahondar la percepción de un gobierno empobrecedor y cada día más abusivo.

Pero ojo, una cosa es ser abusivo y autoritario en tiempos de bonanza y otra muy distinta es serlo cuando la gente comienza a sentir en el bolsillo los efectos de una crisis que, por mucho que la niegue, ha llegado y no tiene visos de solución.

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