12 de julio de 2023, 4:00 AM
12 de julio de 2023, 4:00 AM

Las fronteras de Bolivia están perforadas por mafias organizadas que trafican de todo. La vulnerabilidad del territorio nacional es evidente cuando se cuenta que el contrabando mueve más de 3.000 millones de dólares cada año o cuando se sabe que hay tráfico sin control de drogas y de personas. El sumun de esta dramática realidad se vivió el pasado fin de semana, cuando un ciudadano chileno fue baleado por intentar recuperar su camión robado que circulaba impunemente en nuestro país.

Las noticias que llegan desde las fronteras con Brasil, con Perú, con Chile, con Argentina y Paraguay son mayoritariamente de hechos de violencia y de delitos que se cometen. Las mafias tienen presencia fuerte, entran y salen a su regalado gusto. En las regiones que limitan con Brasil, sobre todo, son frecuentes los ajustes de cuentas cometidos por sicarios a los que casi nunca se detiene y, por tanto, la justicia es una quimera.

En las fronteras con Argentina y Chile hacen noticia los traficantes de seres humanos. Incluso se ha conocido que la organización Tren de Aragua ya tiene presencia en la zona y comercia con personas, migrantes, que buscan mejores opciones de vida y que transitan por el territorio boliviano sin documentos o que los consiguen para llegar a otros destinos.

Del robo de vehículos en otros países para después venderlos sin papeles en Bolivia se ha dicho bastante. Tuvieron que venir propietarios y hacer su propia investigación para encontrar sus motorizados y, aun así, autoridades nacionales les hicieron peregrinar para lograr la devolución, en situaciones que avergüenzan al país.

El colmo se dio el pasado fin de semana, cuando el propietario de un camión robado en Chile, junto con su yerno, llegaron a Bolivia para recuperar el vehículo. Buscaron ayuda en la Policía y no la encontraron. Por eso se adentraron en la zona por donde cruza el tráfico de motorizados internados ilegalmente: la ruta que rodea Challapata. Sin seguridad, fueron atacados por los contrabandistas, también llamados ‘chuteros’. El mayor de ambos recibió un balazo en la columna y el segundo huyó (estuvo desaparecido durante varias horas).

Tras el suceso, la parafernalia gubernamental se puso en marcha. Se hizo un operativo con decenas de policías, se arrestó a 14 personas, de las cuales solo una quedó aprehendida y el hecho aún está en la impunidad.

Entretanto, se ha identificado a los presuntos responsables. Uno de ellos podría ser uno de los contrabandistas más famosos de la zona, capaz de hacer fiestas multitudinarias y con la presencia de costosos artistas. Habrá que preguntar si la lucha contra el contrabando no tiene un equipo de inteligencia que sea capaz de detectar estas anomalías.

El problema está en que pasa de todo, pero nada cambia. Probablemente, los policías y las autoridades de gobierno se ocupen durante un tiempo del tema, pero no se dará un golpe certero al contrabando, ni a la comercialización de vehículos robados en Bolivia ni al tráfico de personas. Es decir, las fronteras seguirán siendo permeables al crimen y las mafias organizadas seguirán haciendo su agosto.

El camino de la desprotección de las fronteras es el más peligroso. El Gobierno debería saberlo. Las cosas se complicarán cuando estas mafias se sientan invencibles o cuando empiecen a pelear entre ellas. Dios salve a Bolivia si así ocurre.

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