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A Bolivia esta vez la abandonó la suerte ante Chile. Le faltó una pizca de la fortuna que la acompañó en el anterior partido contra los mapochinos en Santiago por las eliminatorias, para evitar la derrota y lograr un mejor resultado en el Arena Pantanal de Cuiabá.

Cosas del destino. Ayer jugó mucho mejor de lo que lo había hecho el 8 de julio de visitante, cuando rescató un empate, y acabó derrotada mereciendo un resultado distinto porque hizo los méritos para conseguir algo en esta su segunda presentación en la Copa América.

El problema de Bolivia fue que al principio intentó parecerse a aquella que jugó en Santiago y a la que cayó hace unos días frente a Paraguay en este torneo, dejando una pésima imagen.

En esos 20 minutos de fútbol temeroso, mezquino, defensivo, le permitió a Chile elaborar una victoria importante que a uno lo acerca a la próxima fase y al otro a empezar a alistar las valijas para regresar a casa.

En ese arranque para el olvido, planificado por el entrenador o llevado a cabo por iniciativa de los jugadores, vaya uno a saber, llegó el único gol del partido, concretado por el inglés de madre chilena que juega para los trasandinos, Benjamín Brereton, quien apareció libre de marca en una jugada de contragolpe y definió bien y tras recibir un pase de Vargas.

El gol nació, curiosamente, en una jugada de ataque de Bolivia. Chura pisó la pelota en el semicírculo del área rival, y nació la contra que encontró mal parada a la zaga boliviana.

La conquista chilena liberó de ataduras defensivas a Bolivia, que a partir de ese momento empezó a jugar en campo contrario, a presionar lejos de su arco, a encargar triangulando o con maniobras individuales.

Lampe le puso un candado al arco. Atajó un par de pelotas complicadas ante el mismo Brereton y Meneses. Se afirmó Quinteros en el fondo, y el equipo se animó a adelantarse varios metros en la cancha para disputar el partido en otros sectores, lejos de la zaga nacional.

El miedo era cosa del pasado, y apareció el coraje. Empezaron a crecer Ramiro Vaca, de comienzo vacilante; apareció más la zurda talentosa del debutante Chura, se metió en el partido Saavedra, se sumó el Conejo Arce en el afán ofensivo.

Cada vez que Bolivia retrocedía en lugar de pelear la posesión de la pelota, Chile lo complicaba.

Pero eso fue sucediendo cada vez menos en el partido, en especial en el segundo tiempo, cuando Bolivia decidió invadir el campo chileno.

Así empezó a generar situaciones y a convertir en figura al golero Bravo. No apareció Álvarez, pero sí lo hicieron otros llegando desde atrás.

Saavedra estuvo cerca del gol en tres ocasiones, Diego Bejarano en otra, Ramiro Vaca de media distancia, después a Flores se le escaparon un par de balones de gol de manera increíble en el área chilena.

Bolivia lo tuvo a Chile en su campo todo el segundo tiempo, como muy pocas veces sucedió. Bastó un poco más de atrevimiento para que ello suceda. Quizá al entrenador le faltó audacia en momentos claves, ya que incluyó un lateral (Flores) en lugar de un volante creativo, cuando lo lógico hubiese sido un jugador de ofensiva, que era lo que necesitaba el equipo nacional.

Una lástima por Bolivia, que esta vez se animó a ser valiente, a atacar, a buscar el gol, en lugar de someterse al dominio rival. Esta vez, por lo menos, dejó algo como para no perder la ilusión.



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