23 de octubre de 2022, 4:00 AM
23 de octubre de 2022, 4:00 AM


¿Qué es lo que está en juego detrás de la batalla librada desde Santa Cruz por el Censo Nacional de Población y Vivienda? ¿Será solo la urgencia de reajustar las asignaciones de presupuesto y de representación política según el número de habitantes que tenga cada uno de los nueve departamentos del país? ¿Tanto lío político y tensión social apenas por ello?, podría ser la interrogante a ser planteada tras las dos primeras expuestas al inicio.

Comenzando por el medio, la respuesta es “no”. Lo que está realmente en juego tras la batalla por el Censo es la naturaleza de la democracia, como dice Renzo Abruzzese. Quien la gane tendrá en sus manos la libertad de diseñar el país que quiera, ya sea uno encriptado en el Estado, conservador, u otro encriptado en la sociedad, moderno. Esa es la batalla que se libra ahora en Bolivia, en medio de una profunda crisis de Estado.

Una crisis de Estado que no ha hecho otra cosa que profundizarse a lo largo de los últimos años y que hoy alcanza un nuevo pico en la batalla por el Censo, marcado por otra crisis no menor como es la de los valores democráticos. De ahí la afirmación de que lo que hoy está en peligro, igual que ayer y más que antes, es la naturaleza de la democracia, a esta Bolivia retornó hace solo cuarenta años.

¿Son conscientes de ello todas las fuerzas presentes en el campo de batalla? ¿Sabrán qué es lo que está realmente en juego? Por lo visto en las últimas semanas, la respuesta es no. Hay demasiada confusión y muchos desaciertos, cuando no falta de una convicción firme en esos valores democráticos que están sirviendo más para rellenar discursos, que para el ejercicio pleno y efectivo de los mismos.

La incapacidad de dialogar entre distintos, de lograr consensos mínimos, ha dejado de ser ya una excepción para convertirse en regla. Como en regla se ha convertido también la violación de toda norma o ley, de todo acuerdo y compromiso, como es precisamente el de la realización del Censo Nacional, prevista inicialmente para noviembre de este año y, de pronto, suspendida y postergada para 2024.

Esa postergación ha dado lugar a este nuevo estallido de protestas, en el que destaca el paro general e indefinido iniciado ayer en Santa Cruz. Es el detonante del conflicto, pero no el inicio y fin del mismo, cabe remarcar para retomar lo dicho antes por Abruzzese: lo que está en peligro es mucho más que solo el Censo. Es la democracia misma la que corre riesgo de perder su esencia. Una esencia harto venida a menos, para pesar de muchos.

¿Quién ganará esta batalla? ¿El Gobierno central y su cúpula partidaria, o las fuerzas que se mueven desde el otro frente, dispersas en las calles, cuando no capturadas por otros centros de poder a los que les resulta más fácil alinearse bajo el mando del régimen del MAS, que adherirse a una lucha de largo aliento que va mucho más allá que la coyuntural pelea por el Censo? Una vez más, sobran las preguntas y están ausentes las respuestas.

Como también están ausentes, por ahora, las ideas creativas que permitan frenar en seco la avanzada del autoritarismo que se aferra a una visión estadista, conservadora, e impide avanzar hacia otra visión más bien moderna, en la que la gente es la protagonista. De hecho lo es, pero ignorada y atropellada desde el Estado, tal como lo estamos viendo una vez más estos días, particularmente en Santa Cruz con el tema Censo y en La Paz con la pugna entre cocaleros que se mueven en el mercado legal y en el ilegal.

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