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Las empresas y emprendimientos liderados por mujeres cada vez cobran más relevancia dentro del desarrollo económico de la sociedad. El camino que recorren las emprendedoras en Latinoamérica en general, y en Bolivia de manera particular, tiene características propias y desafíos distintos a los emprendimientos liderados por los varones.

Recientemente, con el objetivo de entender cuáles son las necesidades y desafíos de la mujer que hace negocios y emprende en Bolivia, el Instituto de la Mujer y Empresa (IME) elaboró el estudio del Perfil de la Mujer Emprendedora en Bolivia. Los resultados desvelaron -entre otros datos- que la mujer boliviana que emprende tiene un nivel de estudios alto (52%); es decir, es profesional y que su principal motivación para emprender es desafiarse a sí misma (38%). Las impulsa su propósito de vida, una pasión que tiene un sustento académico y conocimiento. Emprenden en lo que mejor saben hacer.

“El estudio buscó caracterizar el perfil de la mujer emprendedora boliviana identificando el camino que ellas recorren para conocer su día a día, qué es lo que las apasiona y las mueve, comprender la naturaleza de sus emprendimientos, describir las particularidades que tienen, identificar las dificultades con las que se encuentran a la hora de emprender para proponer estas líneas de acción a los actores públicos e instituciones que trabajan con este sector”, señaló Xiomara Zambrana, coordinadora del IME.

La mayoría es sub-40

En el estudio se descubrió que el 47% es menor de 35 años y el 68% menor de 40 años. Por otro lado, el 54% de estas mujeres tiene a su cuidado un hijo o un dependiente.

El dato que dio más satisfacción al sector es que las mujeres están altamente preparadas, un 95% tiene formación profesional (52% cuenta con título de licenciatura y el 30% ha obtenido el grado de maestría).

El 66% de las mujeres tiene una fuente laboral adicional a su emprendimiento. Mientras que el 36% no se encontraba trabajando cuando inició su emprendimiento. El 34% de estas mujeres se dedica solo a sus negocios, el 26% lo hace después de atender a su familia y un 17% mantiene su negocio propio como segunda fuente de ingreso económico.

Sobre las motivaciones detrás del emprendimiento de las mujeres, el estudio mostró que el 38% de las mujeres se mueve por un desafío y pasión personal. El 26% emprende por lograr independencia económica, el 14% por una necesidad, un 8% lo hace para pasar más tiempo con su familia y solo un 6% emprende para incrementar sus ingresos económicos. 

“No es que a las mujeres no les interese generar solo que la primera idea que se le viene a la mente es un tema de desafío personal y esto coincide porque, como se ve en el estudio, son mujeres preparadas. También tiene que ver con los roles y estereotipos dentro de las organizaciones, dentro de los trabajos en donde no se permite a las mujeres escalar a puestos de alta dirección y de altos mandos. Esto hace que muchas mujeres decidan emprender y hacer su propio camino”, explicó la coordinadora del IME.

También señaló que se encontró que de acuerdo al tipo de emprendedoras las motivaciones son diferentes. Por ejemplo, a las mujeres que lideran negocios de triple impacto las mueve una responsabilidad medioambiental, aquellas que tienen un negocios tradicional o mipymes las motiva una responsabilidad familiar hacia los hijos o familia, mientras que las emprendedoras tecnológicas esperan una ganancia, una autorrealización personal mucho más marcada que las anteriores y demostrar esa capacidad de que pueden ser independientes económicamente.

Emprender es un desafío

Doly Leytón Arnez, una de las emprendedoras con preparación, licenciada en Comunicación Social, con experiencia en prensa escrita desde 2002, es uno de los ejemplos de emprendedoras que iniciaron su negocio como desafío personal.

“Mi emprendimiento, La Región, no nació con un fin comercial. En 2010 empecé a viajar a comunidades y áreas protegidas de Bolivia donde había emprendimientos de ecoturismo. Lo hice como turista durante dos años, en mis tiempos libres como vacaciones y fines de semana. En ese periodo vi que proyectos de ecoturismo, productivos y, en sí, las realidades de las comunidades indígenas no eran visibilizadas. Por ello, me planteé aportar con lo único que tenía a mano, mi oficio como periodista. Renuncié a mi trabajo en otro medio y creé un medio nativo digital”, contó Leytón.

Asimismo, Janeth Mendoza, cofundadora y CEO de Minkedu, plataforma de aprendizaje en línea, contó que fue desafiante emprender en un contexto donde todos son varones.

“La inversión en Startups EdTech ha crecido bastante en los últimos años en América Latina, el mercado se ha expandido mucho y esto ha generado que el ecosistema sea bastante competitivo. El desafío está en asumir como founders el atraer inversionistas para lograr que el producto vaya escalando. Aunque la financiación de capital de riesgo siempre estuvo liderada por fundadores hombres, estos últimos años existen cada vez más mujeres fundadoras que levantaron capital”, apuntó Mendoza.

Desechar estereotipos

Durante la presentación del estudio, un panel de expertos sugirió líneas de acción para avanzar en el ecosistema del emprendimiento femenino.

Patricia Hurtado, de la Fundación Iguales, dijo que es el momento de superar y evolucionar en la mentalidad y desechar algunos estereotipos de género en los emprendimientos.

“Necesitamos una evolución hacia un pensamiento donde realmente se potencie el talento femenino y se apueste por él de manera concreta, con inversión, formación, conexión y generar redes o networking entre mujeres”, dijo.

Por su parte, Verónica Ágreda, directora ejecutiva del IME, recordó que cada persona tiene un rol primordial en la sociedad y si no empezamos desde el hogar mostrando que la crianza es compartida, los roles son compartidos, el cuidado es compartido, las labores de la casa son compartidas, no avanzaremos.

Como segundo punto, señaló la sororidad, porque si no nos ayudamos entre mujeres tampoco vamos a avanzar. Y el tercer punto, los incentivos. “Si queremos hablar de innovación, necesitamos diseño de políticas públicas que promuevan y faciliten la innovación e impulsen el cuidado del medioambiente”, dijo.

Por otro lado, Silvia Quevedo, presidenta de la Cámara de Mujeres Empresarias de Bolivia (Camebol), habló sobre el capital semilla para poder incentivar los emprendimientos.

“Hay que cambiar la política rígida de la ASFI, debe ser adaptada a este mundo pospandemia. Si queremos que ese capital semilla pueda incidir en los empresarios y no tener una fuga de especialistas o de gente ansiosa de crecer, hay que cambiar las reglas y políticas”, apuntó.

ESTUDIO

Encuesta. El alcance del estudio fueron 9 ciudades del país. Con mayor cantidad de respuestas en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. Se realizaron encuestas (online) a 452 mujeres, entre agosto y octubre de 2021.

Grupos focales. Para la encuesta se dividió a las mujeres de acuerdo al tipo de emprendimiento que lideran. Las emprendedoras tecnológicas, las tradicionales o mipymes y las de triple impact, que no solamente buscan generar ingresos económicos sino también buscan afectar e impactar en los social y en lo ambiental.

Crecimiento. En Bolivia los emprendimientos liderados por mujeres comenzaron a expandirse a partir de 2014 y crecieron exponencialmente desde 2019.

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