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Me discriminan

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La discriminación ha vuelto a ponerse de moda. Ahora se usa para convertir preguntas necesarias en ofensas. Así, si un periodista pregunta por qué la esposa del gobernador trabaja en la mismísima Gobernación, la respuesta más astuta es decir que se lo está discriminando. Entonces te victimizas con tu cara, con eso del perfil incaico, y le preguntas al periodista por qué no va a preguntar lo mismo al otro gobernador, al qara, que ha metido a su hijo a la otra Gobernación.

Parece la respuesta de un estúpido victimista pero no… es una jugada magistral, digna de las más inteligentes mentes maquiavélicas porque el estupor de los periodistas hará que su atención se esfume y se pase a otra cosa. Total. Las noticias saldrán por el lado de la victimización y pocos se acordarán del nepotismo.
Y, como todos sabemos, el argumento de la discriminación funcionó eficazmente durante más de una década.

Comenzó con el Gobierno de Evo Morales, cuando la mayor parte del mundo estaba encantada de que, por fin, un indio haya asumido la Presidencia de un país con mayoría india. Parecía lo más lógico, pero la verdad es que, si ponemos las cosas bajo el microscopio de la ciencia, lo más probable es que este país con mayoría india haya perdido a sus indios hace mucho tiempo porque las mezclas que se sucedieron a través de los años dieron por resultado un mestizaje que hoy hace anacrónicos los discursos sobre razas.

La pureza de sangre, y de la supuesta raza, es un concepto dieciochesco que, sin embargo, le dio tan buen resultado a don Evo que sigue usando su supuesta condición de indio como una de sus banderas (o wiphalas). Así, si alguien le critica, a él o a su peculiar conducta de presidente de facto, entonces él dirá que lo hacen porque él es indio. Y eso, desde luego, es discriminación. La cortina se corre y ahí murió la cosa.

Entonces, los periodistas también podríamos usar ese discurso para decir que nos discriminan porque no nos informan, hasta ahora, sobre las ejecuciones presupuestarias. O bien podemos quejarnos de que ninguna autoridad se haya acordado de la libertad de prensa, que era el 3 de mayo.

Nos discriminan porque el grueso de la publicidad, que se paga con el dinero de todos, se va a los medios que le chupan las medias al Gobierno mientras que a los demás nos asfixian desde hace años.

Y si para justificar el discurso victimista hace falta invocar la pertenencia a una etnia, aquí vengo yo a señalar que soy de la nación qaraqara y mi cara, oscura como la chancaca, revela que yo, también, soy indio.
Entonces, cuando los políticos mañudos me ponen las cosas difíciles, yo también me quejo y denuncio que me discriminan.



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