18 de agosto de 2022, 4:00 AM
18 de agosto de 2022, 4:00 AM

El emblemático río Pilcomayo está herido porque un dique de colas mineras reventó y sus elementos contaminantes llegaron a la quebrada de San Antonio, en la comunidad Agua Dulce de Potosí, afluente del gran río que recorre buena parte del territorio nacional hasta llegar a Argentina.

La Gobernación de Potosí reportó que colapsó un talud de acumulación de residuos en Agua Dulce, donde están ubicados varios ingenios mineros. Si bien supuestamente se tomaron acciones con equipo pesado para mitigar los efectos, el caso es que el impacto llegó al Pilcomayo y la cadena de afectados es muy larga: llega desde los agricultores del mismo departamento de Potosí que viven en las riberas, pasando por las comunidades indígenas de los departamentos de Chuquisaca y Tarija que habitan en las cercanías del río.

Pero si eso no fuera suficiente, con esos descuidos ambientales, Bolivia ‘exporta’ la contaminación a Argentina, con las consecuencias de responsabilidad que eso implica entre países que tienen obligaciones compartidas contempladas en tratados internacionales referidas al uso y cuidados de aguas internacionales.

En Potosí, el Comité de Defensa del Medioambiente de las Comunidades de Nor Chichas denunció que la contaminación minera provoca que el uso de sus terrenos deje de ser rentable por la degradación de los suelos y en algunos casos incluso la aparición de altos índices de cáncer, y pide que la Empresa Minera Uzquiano que opera en la zona reubique su ingenio.

En el sur del país, la Oficina Técnica Nacional de los ríos Pilcomayo y Bermejo tomó muestras de agua en 20 puntos georreferenciados para identificar la presencia de minerales pesados. También Argentina hace en estos días el análisis de sus propias muestras de agua en la provincia de Salta.

Autoridades de Recursos Hídricos del gobierno provincial de Salta dijeron que solicitaron un informe oficial al Gobierno de Bolivia y que fueron informados de que supuestamente el arrastre de sedimentos mineros no había hecho contacto con el cauce del Pilcomayo, y que el impacto fue solo de 32 kilómetros aguas debajo de donde está emplazado el dique. Sin embargo, probablemente porque desconfían de ese informe, las autoridades argentinas ordenaron la toma de muestras para su análisis.

Se estima que el colapso del dique de colas en la región potosina de Agua Dulce descargó 13 mil toneladas de residuos mineros a lo largo de la quebrada de Jayasmayu, que se conecta con el río Tarapaya, que a su vez es afluente del Pilcomayo. No es, a juzgar por esas cifras, un accidente de menor escala, sino todo lo contrario.

Las autoridades nacionales no han dado aún un informe completo sobre el colapso del dique de colas, y según las conclusiones a las que se arribe se tendría que sancionar a las empresas infractoras, como corresponde.

Al mismo tiempo, y dado que esta no es la primera vez que se producen roturas que provocan sensibles impactos ambientales sobre las aguas de ríos bolivianos, la Gobernación de Potosí tendría que reubicar a los ingenios mineros para alejarlos de las riberas de ríos. Eso exigen con frecuencia las organizaciones civiles afectadas de los departamentos de Potosí, Chuquisaca y Tarija, pero su demanda cae siempre en saco roto.

También hay un Ministerio de Minería y un Ministerio de Medio Ambiente y Agua, de los que se espera alguna acción efectiva para sancionar drásticamente a los responsables y tomar medidas para evitar que esos desastres vuelvan a repetirse.

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