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4 de junio de 2023, 4:00 AM
4 de junio de 2023, 4:00 AM

El envío de casi media tonelada de cocaína desde el aeropuerto internacional de Viru Viru hacia España es un indicio más de que el narcotráfico opera en Bolivia con una estructura muy poderosa y extendida. Sólo así se explica que, en un recinto aeroportuario donde el pasajero común es sometido a rigurosos y hasta humillantes procesos de revisión, los operadores del narco se den modos para burlar el control e introducir una cantidad escandalosa de droga.

Sorprende la cantidad, pero también sorprende el sigilo y efectividad con que se llevó adelante ese envío ilícito. Tuvieron que ser las autoridades españolas, del aeropuerto de Barajas en Madrid, las que revelaran el hecho, que en realidad sucedió en febrero pasado, cuando los 478 kilos de droga, en prolijos paquetes, fueron embarcados en un vuelo contratado por BoA, la línea aérea bandera nacional. Incluso en este tiempo transcurrido han podido haber otros envíos similares, como lo admitió el propio ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo.  

Conocida la noticia en los últimos días, las autoridades bolivianas han iniciado las investigaciones para dar con los responsables del hecho. Las pesquisas preliminares revelan que dos funcionarios de la aerolínea habrían roto los precintos de seguridad de una carga que ya había sido revisada por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico, para luego introducir en su lugar los paquetes de droga. Ambos funcionarios ya han sido aprehendidos, y el ministro Del Castillo también ha ordenado el repliegue de todos los policías destinados al aeropuerto cruceño.

Estas acciones marcan el punto de partida, pero esta vez los organismos del orden deberían llegar a desbaratar o por lo menos a hacer mella en lo que parece ser una estructura delictiva muy bien montada. Sus contrapartes de España tienen tal expectativa. Se entiende que tan descomunal envío de cocaína sólo puede ser posible con la complicidad de múltiples instancias de control diseminadas en todo el territorio nacional.

En otras palabras, ya es hora de atrapar a los peces gordos y de darle un golpe certero al narcotráfico.

Lo ocurrido en Viru Viru no es un hecho aislado. Los numerosos vuelos clandestinos que han transportado cuantiosos cargamentos de droga desde Bolivia hacia países limítrofes también denotan la presencia de una mafia organizada.  Se trata de una actividad que va mucho más allá del circuito coca-cocaína. Se la vincula con el robo de vehículos que luego son canjeados por droga, con el tráfico de armas, con la trata y tráfico de personas, y con otras mafias que parecen haberse asociado. Tampoco se descarta que este mundo del hampa goce de la complicidad y protección de autoridades y de figuras poderosas de la sociedad.

La historia de los ‘narcoaviones’ bolivianos se sigue repitiendo, lo cual debe ser motivo de preocupación para Bolivia en el contexto internacional. La lucha contra el narcotráfico requiere de la cooperación de todos los países afectados por esta lacra que funciona en red. Sólo una fuerza proporcional puede evitar que eche raíces y se afiance, sobre todo en países vulnerables como Bolivia.

Habrá que empezar con la investigación exhaustiva y colaborativa que deberá llevarse adelante entre los organismos nacionales y sus contrapartes españolas, para identificar, procesar y poner entre rejas a quienes verdaderamente manejan los hilos del narcotráfico.

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