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Evo Morales y Álvaro García Linera volvieron con fiesta al lugar que hace un año dejaron en medio de lágrimas, horas después de haber renunciado a la Presidencia y Vicepresidencia del Estado. Empujados y apretujados en medio de una multitud, la caravana que se inició el lunes en Villazón y que había llegado la noche del martes a Villa 14 de Septiembre, terminó en la pista del aeropuerto de Chimoré, en el mismo lugar donde un avión del gobierno mexicano los recogió en 2019 para llevarlos al refugio político.

Tras tres días en el país, el expresidente aún no se encuentra con el presidente, Luis Arce, que tampoco estuvo en Chapare, ya que estaba en La Paz recibiendo las cartas credenciales de los embajadores de Irán y Venezuela. 

“El hermano Lucho a la una de la madrugada me llamó, intentaba cómo llegar (a Chimoré), pero está en pleno proceso de organización del Gobierno, en debates para no equivocarnos en la designación de autoridades. 

Esta mañana otra vez conversamos”, explicó Morales, desde la tarima en la pista de aterrizaje, ante unas 100.000 personas, que él consideraba un millón. “Hace un año nos fuimos y dijimos: ‘Volveremos millones’; ahora somos millones”, gritó.

Antes de él, Andrónico Rodríguez, presidente del Senado, le dio la bienvenida; Jacinto Herrera, ejecutivo de Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, dijo que ahora le toca a la juventud garantizar el proceso de cambio, “formándonos nosotros mismos, si es posible en defensa personal”. Luego habló Juan Carlos Guarachi, ejecutivo de la COB y calentó el ambiente: “Hemos tenido que caminar disfrazados, amenazados, pero no nos hemos rendido, carajo”.

Cuando le pasaron el micrófono a Morales, las nubes amenazaron con lluvia. “Es buen augurio”, dijo y aseguró que nunca se había sentido abandonado, y agradeció a la “familias de los masacrados en Sacaba y Senkata”.

Ahí, reivindicó las elecciones de 2019, al asegurar que había ganado en primera vuelta y que este año volvieron a ganar. “Ganamos en Ecuador y ya tenemos Unasur nuevamente, para enfrentar a la OEA”, dijo. 

Admitió que lo que él considera un golpe de Estado los tomó por sorpresa, que no esperaba ni el motín policial ni el pedido de renuncia de las FFAA y aseguró que lo alejaron del poder porque no aceptan que los indios gobiernen bien y transformen los países. El otro motivo, el litio. 

Culpó a Estados Unidos, citando congresistas estadounidenses y publicaciones como los autores del ‘golpe’ para dominar el litio. Incluso recordó que el empresario Elon Musk “confesó” haber participado del golpe.

“Estas elecciones ganamos además al árbitro. Hasta la última noche de elecciones el presidente del TSE estaba tratando de engañar al pueblo boliviano. Pidió a los asambleístas del MAS que interpelen al presidente del TSE, Salvador Romero, o que le pidan un informe. Luego recordó que el 3 de enero la expresidenta Jeanine Áñez pidió evitar “el regreso de salvajes al gobierno”.

“Los salvajes nuevamente estamos en el gobierno, estamos en el poder”, gritó.

Al final de su discurso, debajo ya de una tupida lluvia, pidió cuidar a Arce Catacora. Aseguró que es el presidente que se necesita para un momento de crisis, por lo que pidió unidad y pasó el micrófono a García Linera.

“Una pandilla de ladrones se apoderó del Estado y tienen nombre y apellido: Tuto Quiroga, Carlos Mesa, Áñez, Murillo, toda la escoria de la historia se unió para matar al Estado y atacar al pueblo”, dijo y añadió: “El día que nos fuimos dije ‘yo voy a cuidar la vida de Evo’ y aquí vengo a dejar a Evo. Somos mayoría, somos la patria, el pueblo. Nuestro hermano no será presidente, pero es la voz de 11 millones de hermanos”.

En el acto se vio reaparecer a exministros, como Fernando Huanacuni, Héctor Arce, Carlos Romero y Wilma Alanoca, y a nuevos ministros como Édgar Montaño.

Señales

“Es como si hubiera dos MAS”, dice Daniel Valverde, director del Observatorio Político Nacional. “Uno que está en la búsqueda de la reconciliación, del equilibrio, las coincidencias y otro que es reivindicacionista, de discurso duro, que marca las cosas entre amigos y enemigos. Eso genera una confusión y perturba sobre cuál va a ser el verdadero horizonte de aquí para adelante”, agregó.

Para él, el Gobierno de Arce tiene objetivos distintos a Evo Morales, que tratará a convertirse en el filtro por el que pasen todas las decisiones de una gestión.