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La muerte del doctor René Sahonero en La Paz, y la noticia de que existen médicos internados en Unidades de Terapia Intensiva (UTI), a pesar de que recibieron la vacuna contra la Covid-19, si no pasan por el filtro de la ciencia y de la lógica, pueden generar falta de fe en el proceso de inmunización.

En el caso del médico Sahonero, el infectólogo Rodrigo Castedo explicó que hay factores que intervienen. “Al analizar el caso específico de él, me entero de que falleció a los cinco días de haberse puesto la segunda dosis”, dijo.

Ya en anteriores publicaciones, el especialista había enfatizado en que es necesario que transcurran al menos 14 días tras la aplicación, tanto de la primera como de la segunda dosis, para que el organismo tenga los anticuerpos necesarios. “Es lo mismo que no hubiera recibido la segunda dosis porque la inmunidad no se adquiere de forma mágica”, dijo.

Para Castedo, es necesaria una aclaración sobre la eficacia de las dosis. “Se confunde todo, por ejemplo, si dice 95% de eficacia, se cree que de cada 100 personas que reciban la vacuna, 95 no se van a enfermar, y eso está completamente equivocado. Ese 95% es por persona, es decir que si te colocas la vacuna, tienes 95% de posibilidades de no enfermar”.

Castedo dejó claro que ninguna vacuna es 100% eficaz, pero dijo que, más que concentrarse en los que se van a morir, incluso vacunados, “porque sí o sí van a morir”, lo que hay que atender es cuánta gente vacunada dejó de enfermarse.

Para el infectólogo Carlos Paz, en primer lugar hay que entender cuál es la función de una vacuna. “Básicamente es la reducción del riesgo en una población. Los casos individuales no son buenos para decir si una vacuna es buena o no. Necesitamos ver cómo se comporta esta vacuna en una población”, insistió.

De acuerdo a Paz, cuando se inyecta la vacuna, las personas que se encuentran en buen estado fisiológico responden mejor que las personas con comorbilidades o las inmunodeprimidas. Y a pesar de eso, es importante vacunarlas, porque incluso si el sistema inmunológico no responde tan bien como en alguien sano, al menos la vacuna generará memoria y, en consecuencia, alguna respuesta inmune, incluso si la eficiencia se viera afectada.

“Podría ser que el sistema inmunológico del paciente estuviera deteriorado hasta el punto de no responder a la vacuna”, reconoció.

Paz citó una investigación sobre la población vacunada en Israel, uno de los países con mayor cobertura de inmunización. “Demostraron que la efectividad de la vacuna desarrollada por Pfizer era menor entre las personas con comorbilidades crónicas”, compartió.

Según Paz, es probable que esto también suceda con otros inmunizadores. Esto se debe a que, en el mundo real, la población vacunada es mucho más grande y diversa que la analizada en la prueba

VARIANTES

Otro factor que, de acuerdo a Paz, debe ser considerado, es que el período en el que se llevaron a cabo los ensayos también puede afectar la eficacia de la vacuna en el mundo real.

Dice que las pruebas clínicas realizadas el año pasado no lograron distinguir la efectividad entre la variante original (de Wuhan) y las variantes que circulan hoy en Brasil, por ejemplo.

“No es lo mismo hacer un estudio de eficacia en este momento en la India, y otro en España, donde la circulación del virus es mucho menor”, ilustró.

Castedo dijo que, por lo general, las vacunas están siendo eficaces contra las nuevas variantes, pero que algunas no están cubriendo bien a determinadas mutaciones.

Puso de ejemplo a la AstraZeneca, que no cubre bien la variante sudafricana. “De hecho, Sudáfrica se había jugado todo por la AstraZeneca, solo compró esa vacuna y, cuando llegaron las dosis, las revendieron”, dijo.

En cuanto a las variantes que están circulando en Bolivia, Castedo cree que están siendo cubiertas por las vacunas, especialmente la P1 (brasileña).

Y a pesar de las dudas en la población, para Paz, la amplia cobertura de vacunación es la única medida farmacológica capaz de controlar la pandemia que hoy azota a Bolivia, de peor forma que en las olas anteriores.

“Es prematura e irresponsable cualquier conclusión sobre la muerte de personas vacunadas sin una investigación exhaustiva de cada caso, especialmente en relación con personas con comorbilidades. Ninguna vacuna es 100% eficaz”, recordó Paz.

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