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“A mi mamá no la conozco”, empieza diciendo María, pero su historia va más allá. Con solo 21 años tiene cientos de anécdotas tristes a cuestas. De pequeña fue robada de su hogar y criada por una señora que la quería tener como hija, pero que no la cuidaba como tal. En una casa con decenas de personas fue maltratada. Logró huir con solo siete años, la ayudó una persona que se compadeció de ella, pero llegó a otra casa, donde en reiteradas ocasiones volvieron a vulnerar sus derechos. Su vida cambió drásticamente muchos años después.

Sin conocerse con María, también Marina Suárez Arana y Mónica Pinto tuvieron su propia lucha y hoy cantan victoria por una de sus metas cumplidas. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU) ningún país puede pretender que ha alcanzado la igualdad de género. Pese a los obstáculos que aún tienen las mujeres, este grupo logró sobresalir en un emprendimiento o concluir con éxito su lucha contra una enfermedad.

Este año el lema por el Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, es Soy de la Generación Igualdad: Por los derechos de las mujeres. Es un año decisivo para la promoción de la igualdad de género en todo el mundo, para impulsar que muchas mujeres que tienen sueños postergados al fin los cumplan.

Pasó su embarazo en la calle

En María, siendo solo una niña, las marcas de la violencia más que en su rostro, se notaron en su carácter. Se hizo rebelde. Desde sus 10 años salía y entraba de varios hogares para menores de edad.

Muchos años después se dio cuenta de que su vida tocó fondo cuando tenía 16 años y estaba en la calle con una niña en brazos y un bebé en el vientre.

Pese a la gestación probó las drogas, aunque asegura que nunca le gustaron. “Imagino que era por miedo por ellas”, dice mientras apunta a sus dos pequeñas, una más cariñosa que la otra.

Con la madurez que le dieron los golpes de la vida, hoy tiene un rumbo: salir adelante por sus hijas. Con la ayuda de la Fraternidad El Camino, un grupo de religiosas que trabaja con personas en situación de calle, logró cambiar. Apenas nació su segunda hija fue recibida en la casa que tienen estas religiosas. Meses después consiguió un empleo, donde por su esfuerzo la ascendieron. Hoy es jefa de producción de un café de la ciudad y alquila una habitación con otra madre soltera que también enfrentó violencia.

Las mujeres, pese a la vigencia de varias leyes en su favor, aún son vulnerables de sufrir violencia. De hecho, por los elevados casos de maltrato con víctimas fatales, a mediados de enero el Gobierno nacional declaró el 2020 como año de la lucha contra el feminicio y el infanticidio en el país. Sin embargo, de enero al 27 de febrero se reportaron 26 feminicidios de acuerdo a datos de la Fiscalía del Estado. En 2019 fueron 117 víctimas fatales de la violencia.

Según la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres (EPCVcM) de 2018, en el país, en el ámbito privado, el 51,9% de las solteras de 15 años o más vivieron algún episodio de violencia por parte de su enamorado, novio, o expareja.

De ama de casa a empresaria

Marina de pequeña, cuando vivía con sus padres en una hacienda a 200 kilómetros de la ciudad, ayudaba a preparar bizcochos que luego eran vendidos a los viajeros.

Con los años se trasladó a la urbe cruceña. Estudió Tecnología de Alimentos, pero luego se casó, tuvo hijos y dejó su profesión a un lado. Se convirtió en ama de casa para atender a sus dos hijos.

En 2008 surgió la iniciativa en la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) de internacionalizar a las pymes. Decidió ayudar a su madre para que el pequeño emprendimiento que aún conservaba se convierta en una empresa.

Participó en talleres, ferias, hizo un diplomado, todo lo relacionado con procesos de alimentos y administración de empresas para tener sustento técnico en el reto que asumía.

Más de diez años después su negocio ha innovado en la producción, aunque aún mantienen la esencia artesanal. Comenzaron solo con cinco trabajadores, hoy tienen 26, el 60% son mujeres.

Las mujeres son el pilar fundamental de esta familia. Prueba de ello es que hoy la madre de Marina sigue apoyando en la fábrica.

Se alistan para exportar, pues cumplen con todas las normas. “Esperamos que pronto nuestro cuñapé pueda salir al exterior. Ya tenemos alianzas estratégicas para lograrlo”, resalta.

“No cabe duda de que se ha producido un progresivo reconocimiento del rol que las mujeres juegan en la generación de riqueza en nuestro país”, dice un informe de la Coordinadora de la Mujer y el Observatorio de Género del 2019 y cita cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) del 2015, pero en el mismo se refleja que pese al avance, aún no hay datos equilibrados en relación a los hombres: El 48,8% de las mujeres tiene un empleo en comparación al 70% de hombres.

Venció el cáncer

El 14 de febrero del 2018 Mónica recibió una de las peores noticias de su vida: le diagnosticaron cáncer de mama. “Fue fatal para mí. Lo primero que pensé es que dejaría solo a mi hijo, que no conocería a mis nietos. Cuando dicen cáncer uno lo asocia a la muerte”, confesó.

Semanas después entró a quirófano y luego comenzó su quimioterapia. La idea de ser el sustento de su único hijo le dio fortaleza y pese al desgaste emocional y físico que le provocaba su tratamiento siguió asistiendo a su trabajo los primeros cuatro meses. Después sus fuerzas ya no lo permitieron: sus cabellos cayeron, sus defensas bajaron y le dolía hasta respirar. Así que sacó vacaciones y luego baja médica.

“Ahora lo cuento tranquila, pero hasta hace unos tres meses atrás, lloraba. No podía ni contarlo, pero hay que seguir adelante cada día”, enfatiza.

Hace un par de meses fue diagnosticada libre de cáncer, pero reconoce que necesita seguimiento para evitar que la enfermedad vuelva. “A uno le ayuda bastante tener la buena actitud, fe, confianza, paciencia”, sostuvo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la neutralidad de género en salud no existe. Por ello enfatizan que las políticas que no toman en cuenta las necesidades de género, contribuyen a exacerbar las inequidades en salud. Un ejemplo de atención por género sería que una mujer pueda tener la opción de elegir que la atienda un ginecólogo hombre o mujer.

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