13 de julio de 2022, 4:00 AM
13 de julio de 2022, 4:00 AM


Evo Morales tuvo que poner la cara frente a la pregunta de un medio argentino, en la provincia de Rosario, sobre las acusaciones de financiamiento a su partido con dinero del narcotráfico. Como era de esperar, el máximo dirigente de las seis confederaciones cocaleras, no contestó. Pero su rostro desdibujado y toda su campaña de lavado de imagen, se fue por el fregadero. Ahora su foto acompaña titulares que hacen referencia al narcotráfico. Era inevitable.

El negocio de la droga, en toda su cadena productiva (plantación de hojas de coca, secado, pisado, maceración química, cristalización y luego su transporte, comercialización y exportación a Paraguay, Brasil, Europa y Estados Unidos), ya forma parte del matrimonio espurio y famoso entre el MAS, los dirigentes cocaleros, Chapare y los clanes y cárteles familiares dedicados a dicho ilícito en el país.

En su informe, la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito (Unodc) asevera que existe un excedente aproximado de 20 mil hectáreas de plantaciones de hoja de coca ilegales, concentrado en el Trópico de Cochabamba y, particularmente, en los parques Isiboro-Sécure (Tipnis) y Carrasco. Situación que ya es completamente inaceptable. No solo por el incremento exponencial de cultivos de coca, sino por la abusiva invasión de los cocaleros en reservas naturales, llevando consigo contaminación de suelos, cuencas de ríos, violencia y “casi obligando” a pobladores de dichas zonas a ser parte de esta cadena de narcotráfico por el acceso a dinero fácil y mal habido.

Las cifras de la Unodc señalan también que el 12 por ciento de los cultivos de coca plantados en el departamento de Cochabamba se encuentran en el Tipnis, el otro 10 por ciento en el Parque Carrasco y el restante 78 por ciento en Chapare y, además, en las zonas de Tiraque, Yapacaní (Santa Cruz) y la provincia Carrasco.

Si a este panorama le sumamos la violencia que acarrea este mercado ilegal de drogas, Bolivia ya está entre los países que debe informar sobre ajusticiamientos, balaceras, territorios protegidos por clanes de droga y la pérdida de presencia del Estado en muchas zonas, declaradas por la propia Policía como zonas rojas inaccesibles para las fuerzas del orden.

Droga, territorio, armas, comercio terciarizado para el transporte de la droga, representación política, sindical y las poblaciones secuestradas por clanes y cárteles de narcos, son el veneno que cada día los bolivianos debemos beber. Presionan para cambiar ministros, amenazan con violencia, extorsionan, corrompen. Son una lacra.

Van tres generaciones, a mi juicio, que están siendo secuestradas en Chapare y otras zonas donde los jóvenes no le ven ningún valor a ser profesionales, abrir un negocio legal, crecer bajo las normas y ser un aporte a la sociedad. La droga ha perforado y contaminado todos los segmentos sociales, económicos, sindicales, gremiales, transportistas, policía, Felcn y, por supuesto, a los propios representantes políticos de las zonas productoras de coca.

Misael Nallar es solo una muestra del gigantesco negocio ilegal y de todo lo que implica: haciendas, ganado, vehículos. Lo detuvieron porque se le fue la mano con el gatillo. Lo conocimos porque la Policía ya no pudo ocultarlo con su paraguas verde olivo. Mató a tres de los suyos. No había otro camino. Ni modo. No lo atraparon. Se entregó. Y todos deben estar besando cruces y estrellitas para que no los delate.

Mientras tanto, las avionetas siguen volando con droga sobre nuestras cabezas, los minibuses, camiones, taxis acarrean sus costales de ‘ladrillos’ y son decomisados porque son demasiados. Ya ni siquiera los esconden. Van con sellos de marca para reconocer a qué clan pertenece el alijo. De un apéndice del narco mexicano y colombiano, de ser sus obreros de materia prima y pasta base, ahora hemos pasado a ser competidores, socios y, claro, enemigos.

El negocio se les fue de las manos. Ya no pueden ocultar nada. La droga está desbordada y los clanes chapareños tienen que crecer, ganar territorios, vender su sobreproducción. Están expuestos y ellos lo saben. Su negocio rutilante los tiene agarrados del cuello. Su ambición desmedida, la idolatría al dinero, al poder, los tiene enajenados. Su futuro es muy claro: les espera una guerra entre clanes familiares, entre narcos, entre territorios, entre dirigentes. Están conscientes que el 94% de la coca de Chapare no pasa por el mercado legal. Las casi 55 mil toneladas que se producen en Bolivia de hoja de coca, no se comercializa en mercados legales. Todo es para el narco.

A nosotros, los de a pie, solo nos queda tirarnos al piso cuando se agarren a balazos. Es la herencia maldita de Chapare y sus narco-cocaleros.

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