31 de agosto de 2023, 4:00 AM
31 de agosto de 2023, 4:00 AM

Érase una vez en Bolivia, allá por el 13 de enero de 2019, que Luis Alberto Sánchez, ministro de Hidrocarburos del Gobierno de Evo Morales, anunció con bombos y platillos el descubrimiento de un “mar de gas” existente a 8.000 metros de profundidad entre los departamentos de Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija.

Como era habitual en esos tiempos, el primer mandatario ordenó a sus acólitos, el ministro de Economía entre ellos, que celebren ruidosamente el logro. Es más, no dudó en alzar vuelo y llegar hasta el pozo Buyuy X2, lugar del supuesto reservorio, a tomarse la foto del momento. Optó por una vieja estrategia suya: a falta de gestión buenas eran las inauguraciones y actos públicos.

Pero no todos se creyeron el cuento. Expertos en hidrocarburos exigieron prudencia en los anuncios porque en el sector hidrocarburífero valían más las reservas certificadas que los discursos presidenciales y, además, la explotación de gas en esas condiciones implicaba trabajos complejos y muy costosos.

Las críticas recibieron respuestas virulentas, desde “enemigos del proceso de cambio” hasta “neoliberales y traidores a la Patria”. Como siempre, el tiempo, sabio juez de la conducta humana, terminó por evidenciar la mentira. Cuatro años después, en enero de 2023, el actual ministro de Economía y Finanzas, Marcelo Montenegro, declaró ante corresponsales internacionales que el “mar de gas” nunca existió y que todo fue una falacia.

Más allá de las palabras, los datos eran contundentes. En 2014 la producción diaria de gas natural era de 61,3 millones de metros cúbicos día (MMmcd) y, a diciembre de 2022, había bajado a 39,2 MMmcd. Igualmente, la producción de líquidos cayó de 63.086 a 34.540 barriles por día entre 2015 y 2022.

¿Quién conocía los datos? El servidor público que tenía información diaria sobre cuánto ingresaba al Tesoro General de la Nación por la venta de gas a Argentina y Brasil; el ministro que cada día supervisaba la ejecución del Presupuesto General tanto en el Gobierno Central como en las gobernaciones y alcaldías. Ese hombre es Luis Arce Catacora.

Convertido en presidente, Arce también sucumbió ante la tentación de los anuncios. En su informe a la Asamblea Legislativa del pasado 6 de agosto, mencionó la operación del pozo Yarará X2, con una producción diaria de 700 barriles de petróleo y el hallazgo del campo de gas Remanso X1, todo para defender a ultranza el modelo económico social comunitario productivo del que se considera artífice y ejecutor.

Pero todo cambió hace un par de días cuando el exministro y presidente declaró en un acto realizado en el departamento de Oruro que “hay una declinación en la producción que lamentablemente ha ido cayendo hasta tocar fondo…”. Y recién tuvo un atisbo de sinceridad al admitir que los ingresos por la exportación de gas han disminuido sustancialmente.

Peor aún, la estatal argentina del petróleo, Enarsa, anunció que en junio de 2024 se recibirá el último envío de gas natural boliviano. Síntesis: Bolivia bajó su producción, durante 15 años no tuvo un solo hallazgo significativo de nuevos reservorios de gas y ha ido perdiendo sus mercados naturales de exportación.

Desolador panorama desnudado ahora por el propio presidente. Era un barco tripulado por marineros ciegos e inexpertos que creyeron que estaban en un mar de gas, pero cuán equivocados estaban. De tumbo en tumbo la embarcación llegó a una catarata por la que ha comenzado un peligroso descenso y ante el fracaso los tripulantes aún lanzan vivas al modelo económico social comunitario productivo. Penoso fin de la historia.

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