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1 de enero de 2023, 4:00 AM
1 de enero de 2023, 4:00 AM

Por Ariel Quispe Orellana-Profesor de matemáticas con Maestría en Educación Superior e Investigación Científica

El mundo ha avanzado a pasos agigantados, estamos en la era de la explosión de la tecnología, el internet, la infodemia y el desarrollo del conocimiento. En las últimas décadas, en comparación a los doscientos años precedentes, la población mundial superó las expectativas de vida y algunas enfermedades que anteriormente diezmaban a la población, se han extinguido gracias al avance de la medicina.

La calidad de vida, a pesar de que pueda parecer lo contrario, se incrementó y el acceso a la educación se extendió para alcanzar a mayor cantidad de gente. Naciones Unidas (ONU) en el documento “Desafíos Globales para la Juventud”, apunta a los jóvenes como fuerza positiva para el desarrollo, siempre y cuando tengan acceso a la educación, salud, empleo e igualdad de género.

Los niños y jóvenes hoy se centran en la necesidad de una mejor conectividad, el pedido de respeto a sus derechos, causas sociales y medioambientales, entre otros, tomando protagonismo para generar cambios y es justamente esto lo que marca la diferencia con las otras generaciones. El Bank of America los denominó como “la generación más disruptiva de la historia”.

Los “zetas”, llamados también así, no reciben de forma pasiva la información o siquiera su formación, llevan el gen de la disrupción, lo que les ha permitido lograr importantes cambios sociales. Como nativos digitales lograron incidir en decisiones de poder por protestas, posicionadas como tendencia en redes sociales y alrededor del planeta por injusticias sociales, constituyéndose en verdaderos agentes de cambio.

La lucha de Malala Yousafzai es épica, con su pedido de acceso a educación en una sociedad que no necesariamente hacía honor a esa reivindicación, pues no consideraba importante que las mujeres se formen. Es bandera de llamado al cambio hasta la actualidad. Las protestas que encabezó Greta Thunberg, en su batalla para revertir el cambio climático, que fueron tendencia en redes y se reprodujeron por miles en las ciudades más importantes del planeta, es otro ejemplo.

Esta generación no rehúye a los problemas, están listos para enfrentarlos y buscarle solución experimentando. Es el caso de Esmeralda Quispe y Erika Mamani, dos estudiantes bolivianas que crearon un brazo robótico para lograr resolver problemas de la discapacidad, integrando lo aprendido en robótica, matemática y física. Ambas fueron galardonadas con reconocimientos a nivel nacional, demostrando que el talento y la innovación no solo se limitan a un sexo, edad o condición social.

Son tiempos de fácil acceso a la información y al conocimiento. Ahí está el porqué de su carácter crítico, de que lo cuestionen todo y aprovechen su talento para sacar provecho de todas las oportunidades. Su actitud hace que estén en constante movimiento, se adapten con facilidad a nuevos entornos y espacios cambiantes y no se queden estancados.

Los niños y jóvenes de hoy tienen todas las condiciones para ser agentes de cambio, son protagonistas de la transformación, son la generación del cambio, pues miran al mundo de manera diferente a la de generaciones precedentes.

Naciones Unidas dice que en la actualidad son 1.200 millones (15 a 24 años), el 16% de la población mundial, para el 2030, fecha límite para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se estima que habrán crecido en un 7%, llegando así a casi 1.300 millones. Están listos para seguir cambiando el mundo, por ello es imperativo invertir en mejores condiciones para su desarrollo.

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