18 de febrero de 2024, 4:00 AM
18 de febrero de 2024, 4:00 AM

La sabiduría llega cuando un conocimiento teórico se pone en práctica, se experimenta. Muchas veces se dice que el aprendizaje al que el ser humano está acostumbrado es el que llega por consecuencia de nuestras propias acciones. El mundo tuvo una gran oportunidad con la pandemia de COVID que le cambió la vida a la humanidad. Sin embargo, cuatro años después parece que las lecciones fueron olvidadas en Bolivia y en Santa Cruz en particular, porque la salud se mantiene en un estado deplorable mientras que los que sufren son los más pobres y necesitados.

El personal de salud de la Maternidad Percy Boland viene denunciando la dramática situación en la que debe trabajar y, sobre todo, el riesgo de vida para muchos recién nacidos por la falta de incubadoras, tanto en terapia intensiva como en terapia intermedia. Las imágenes reflejan que hay hasta cuatro bebés compartiendo la incubadora, mientras que hay otros que son colocados en mesones o en sillones, debido a la falta de condiciones.

El departamento de Santa Cruz tiene más de tres millones de habitantes y la población va en ascenso. Sin embargo, el número de incubadoras no se acerca al requerimiento mínimo, de acuerdo con parámetros internacionales. No hay espacio, pero esa realidad no es de ahora, sino que tiene larga data y se va repitiendo sin solución definitiva.

Por otro lado, los pacientes de menos recursos económicos, los que acuden a los hospitales públicos, viven con la espada de Damocles sobre la frente de manera constante por los paros recurrentes que, si no son del personal sanitario, corresponde a los médicos, como es el caso actual.

Los galenos protestan contra una norma que plantea la jubilación a los 65 años. Ellos no están de acuerdo. Y por eso amenazan con paro de actividades. Es decir que buscan afectar a los pacientes que, deben aguantar dolores, posponer cirugías y otros tratamientos en una especie de solidaridad obligada con los médicos que están llamados a atenderlos. El problema es que los dolores del cuerpo no entienden razones y se convierten en agobios que deben aguantar los más pobres. No tienen a quién quejarse y soportan nomás esta circunstancia, al carecer de recursos económicos para buscar asistencia en centros privados de salud.

Hay otras situaciones que se van acumulando en el sistema de salud pública, como el despido de personal contratada eventualmente. Y en este punto, la responsabilidad es como una pelota que va rebotando entre el gobierno nacional, el municipal y el departamental. La salud es como un monstruo de varias cabezas. Todos y nadie se hacen responsables de los procesos y de las responsabilidades con la sociedad,

El año 2020 y parte del 2021 los bolivianos vimos morir a cientos de personas porque no podían acceder a una terapia intensiva. El Gobierno autorizó la contratación de médicos y personal de salud. Bolivia respondió a la necesidad, pero cuatro años después se han dado pasos en reversa, porque no se ha renovado contratos o hay despidos, lo que hace que acceder a atención médica se convierte en una odisea.

La situación se complica en Santa Cruz, departamento de mayor crecimiento, porque la población se multiplica y el personal de salud disminuye.

La salud tiene que estar entre las prioridades a tomar en cuenta por las autoridades nacionales.  No puede ser que quienes no pueden costear un seguro privado deban aguantar la precariedad como si fuera algo normal. Contratar recursos humanos y dotar de equipamiento debe ser más importante que crear empresas estatales deficitarias o hacer gastos públicos innecesarios.