Opinión

No se puede amar lo que no se conoce

17 de octubre de 2019, 3:00 AM
17 de octubre de 2019, 3:00 AM

Este mes de octubre está marcado por las votaciones en nuestro país. Llevamos meses en que la política es el tema principal de las conversaciones cotidianas, ya sea para posicionarse a favor o en contra de tal o cual candidato. 

Y en este panorama que exige democracia, la ciencia no está presente en las exigencias prioritarias que los ciudadanos plantean a quienes tendrán poder y tijera para imponer impuestos o dar subvenciones económicas a proyectos, empresas, colectivos sociales.

“No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”. Esta frase, que se atribuye entre otros al científico Leonardo Da Vinci, parece explicar el porqué de esa falta de inclinación que se da en la mayoría de bolivianos a la hora de valorar, apoyar y exigir más ciencia y tecnología. 

Se manifiestan ajenos al impacto que la ciencia puede tener en sus vidas. Tanto es así que un 56 por ciento de la población considera que no es cierto que “la próxima generación tendrá más oportunidades gracias a la ciencia y la tecnología” y un 73 por ciento considera que “la ciencia tiene consecuencias negativas, pues hace que la gente pierda su idea del bien y del mal”.

Estas fueron algunas de las respuestas de los bolivianos en la Encuesta Mundial de Valores (EMV), iniciativa elaborada por una red internacional de científicos sociales que estudia el cambio de valores y su impacto en la vida social y política. Esta encuesta abarca casi 100 países del mundo. En el caso de Bolivia, tuvo lugar por primera vez hace dos años. 

En la actualidad, se está ejecutando otra investigación dirigida por la Universidad Evangélica Boliviana que nos dirá cómo es la percepción de la ciencia en el entorno universitario, en nuestros jóvenes. Ellos marcarán el cambio o proseguirán con esta inercia.

La mala percepción pública de la ciencia denota que a Bolivia le queda la asignatura pendiente del conocimiento científico. Conviene recordar que sólo hace unas décadas, en 1998, la tasa de analfabetismo era alarmante, con un 23 por ciento de la población sin saber leer y escribir. La educación era un lujo. En 2017, la situación cambió y el presidente Evo Morales anunció a bombo y platillo que la Unesco había declarado a Bolivia como nación libre de analfabetismo. Ya eran pocos, muy pocos los analfabetos, llegando a un 2,4 por ciento en 2018.

Pero hay todavía cierto analfabetismo científico, debido a una escasa visibilización o presencia de la ciencia, ya sea en medios de comunicación a través del periodismo científico o en la producción científica: nuestro país tiene pocos investigadores y produce pocas publicaciones científicas o “papers”. 

Y es urgente que los ciudadanos sepan que un pueblo sin ciencia es fácilmente manipulable, no puede tener un buen discernimiento; si un gobierno no invierte o apoya el talento científico en los jóvenes, no tendremos futuros cerebros que implementen soluciones científicas y tecnológicas, rompiendo las actuales fronteras del conocimiento. Hoy por hoy nuestras máximas promesas están ejerciendo su vocación científica en otros países.

Tengamos esperanza o tomemos aliento con ciertas noticias en que la ciencia se cuela en las conversaciones cotidianas.

Hace unos días, los medios de comunicación nos anunciaban un gran avance para la salud en Santa Cruz de la Sierra; La maternidad tendrá el primer laboratorio de biología molecular del país, que permitirá detectar a tiempo a los bebés con la enfermedad de Chagas, toxoplasmosis, herpes, virus del Zika… Todo un avance al servicio de los que más lo necesitan, que ha sido posible con intervención de la maternidad, la Gobernación, las Damas Argentinas, el padre Mateo y la Universidad John Hopkins (EEUU). Estos ejemplos dan luz en ese camino de oscuridad y alejamiento de la ciencia y avance tecnológico en Bolivia.



Tags