19 de abril de 2021, 7:08 AM
19 de abril de 2021, 7:08 AM

El virus no negocia ni discrimina. Tampoco se toma vacaciones, no descansa. Después de 13 meses si no aprendimos a cuidarnos del calibre de esta enfermedad, de la pandemia que nos azota y de la facilidad de contagio, no vamos a entender que estamos verdaderamente en una crítica situación. Tal es así que el mundo ya ha superado los tres millones de fallecidos por el Covid-19. Para comprender el momento que vivimos, a esta terrible cifra se llega en forma cada día más acelerada. El primer millón de fallecidos tardó ocho meses en producirse. Los otros dos millones, en mucho menos tiempo.

Si bien la curva epidemiológica en Estados Unidos, el país más golpeado, está bajando, India tuvo un millón de contagios en una semana y en Brasil las muertes son en promedio de casi 3.000 personas por día, desde el mes anterior. Hoy hay 141 millones de contagios a nivel global.
Y es que la velocidad de contagios continúa superando el ritmo de la aplicación de la vacuna, por lo tanto, hasta que no lleguemos a tener un 70% de la población inoculada, no lograremos la ansiada inmunidad de rebaño y seguiremos corriendo peligro.

En nuestra región, Brasil, Argentina, Perú, Paraguay, Chile, por ejemplo, están tomando fuertes medidas restrictivas debido al embate de contagios y a una situación casi insostenible. En varios países cercanos los sistemas de salud públicos están quedando sin oxígeno, sin camas de emergencias, con menos personal médico y hasta los insumos comienzan a escasear en las grandes capitales sudamericanas.

Aunque el costo político y económico sigue siendo alto, la vida está por encima de todo.

Si el vecindario está en problemas nosotros también. Otra cosa es mirar para otro lado y negar el embate de una enfermedad que no es tratable. Sin embargo, con disciplina podemos prevenir el daño. Nunca algo estuvo tan al alcance de nuestras decisiones para cambiar una situación después de tomar conciencia y hacer lo correcto.

En cierto modo, en Bolivia, corremos con la ventaja de tener un personal médico solidario y de gran capacidad de reacción, aunque no ayude la débil infraestructura sanitaria y el número de vacunas que llegan a cuentagotas.
Pero a su vez, hay que decirlo, como ciudadanos no aprendimos a cuidarnos como se debe para evitar que la situación nos deje sin alternativas de escape o de alivio. No somos inmunes ni mucho menos, pero pareciera que en ciertos momentos nos aglomeramos y nos esforzarnos para contraer la enfermedad.

Hace unas horas, en Alemania, Angela Merkel lo expresaba angustiada. “La situación es seria, muy seria, el virus no perdona ningún titubeo, eso lo hace más duro; el virus no perdona ninguna vacilación, eso hace que dure más tiempo; no se puede negociar con él, solo entiende un lenguaje: el de la determinación”.

Hoy el país tiene un bajo porcentaje de vacunación, que apenas supera el 3% de la población y las fallas en el plan de inoculación no solo son por falta de vacunas. Ante una situación compleja es necesario utilizar otros recursos, el de cuidarnos y exigir a quien corresponde hacer las cosas mejor que sus antecesores. Santa Cruz es la región más vapuleada y las nuevas autoridades deberán estar preparadas para un reto histórico.

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