30 de octubre de 2022, 4:00 AM
30 de octubre de 2022, 4:00 AM


“Nuestro cerco va a ser contundente, con mucha vehemencia, orientado a desabastecer los alimentos de primera necesidad al centro cruceño. Asimismo, vamos cortar todo el servicio de transporte público, privado, terrestre y aéreo. No descartamos cortar los servicios básicos”, amenazó Omar Ramírez, secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb) y evocando un hecho de hace cuatro siglos, sentenció: “Estamos activando este plan Túpac Katari, que se ha hecho en 1781”, ignorante, seguramente, del trágico final que tuvo su ídolo, al morir descuartizado luego de tan atroz suceso (“Csutcb se sumará al cerco y amenaza con cortar los alimentos y servicios básicos a Santa Cruz”, Página Siete, 26.10.2022).

A la amenaza abierta de genocidio contra el pueblo cruceño dada por la mañana, el mismo día, una segunda afrenta desde la misma entidad se produjo por la tarde, dejando mal parado al campesinado, dada la amenaza proferida contra el gobernador del Departamento de Santa Cruz y el presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz:

“El ejecutivo de la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb), Éber Rojas, desafió al gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, a pelear a “puño limpio” y hasta amenazó con matarlo a él y al presidente del Comité pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, a quienes considera como los impulsores del paro indefinido en la región cruceña”; esta declaración también fue hecha de forma pública ante los medios de comunicación (“Ejecutivo de la Csutcb desafía a una pelea a “puño limpio” y amenaza con “matar” a Camacho y Calvo”, Página Siete, 26.10.2022).

Tan alarmantes declaraciones se dieron en momentos en que Santa Cruz sufría ya un primer “cerco” para frenar el paro indefinido que lleva adelante la región oriental, pidiendo la realización del Censo de Población y Vivienda en 2023.

Increíblemente, ni el dirigente ni el ejecutivo de la Csutcb fueron procesados por los delitos y amenazas vertidas, a la luz del Art. 130 del Código Penal (instigación pública a delinquir) que, de consumarse, sumarían otros ilícitos más, como el Art. 138 (genocidio, quienes busquen someter a condiciones inhumanas de subsistencia o asimilación forzada con el propósito de destruir parcialmente a la población boliviana) y Art. 206 numeral 6 (delitos contra la salud, por impedir acceso a alimentos y medicinas), según explica el Dr. Ciro Añez Núñez, abogado constitucionalista y Máster en Ciencias del Derecho Procesal.

Llama mi atención, respecto a tan lamentables sucesos que se suman a muchas otras injusticias contra el Departamento de Santa Cruz, la vehemencia de las amenazas proferidas, así como también, la impunidad de los actores.

Sin ser experto en la materia, sé que un cerco a una población, apuntando a su rendición o exterminio -de la peor manera posible, provocando la inanición o muerte por hambre- es un crimen de lesa humanidad, dado lo sanguinario e inhumano de dicha acción contra civiles.

¿Tan torpe actitud refleja, acaso, la ignorancia de dichas personas? O es que, sabiendo aquello ¿se trata de una declaración de guerra a Santa Cruz, cuando incluso el Derecho Internacional prohíbe, en caso de guerra, el método del crimen selectivo -genocidio- por el padecimiento de hambre hasta la muerte?

¿Qué está ocurriendo en Bolivia? ¿Hasta cuándo se pasará por alto la ley prescrita para la convivencia pacífica? ¿Qué, de las instituciones llamadas a cumplir y hacer cumplir los derechos y obligaciones ciudadanas? ¿Es que acaso hay bolivianos de primera y de segunda? ¿No es Bolivia un Estado, donde se condena la discriminación? ¿Es que acaso no somos iguales ante los ojos de la Ley, y de Dios?

Es imposible negar que entre el Oriente y el Occidente del país existen diferencias, pero eso no debería ser motivo para confrontarnos, al contrario, debería servir para unirnos en la diversidad, bajo aquella consigna de la “complementación de opuestos”, que otrora cautivó a tantos, pero que, al caer en desuso, ha dado lugar a quienes se empeñan en confrontar a Santa Cruz, como si el éxito cruceño no fuera el de Bolivia.

La base de la pacífica convivencia debe ser el respeto a la ley, que lleva al respeto mutuo. Por tanto, así como el oriental respeta a la gente del interior y la arropa cuando llega a su tierra, igual trato merece recibir de aquellos, muy especialmente cuando el economista, escritor e historiador, Lic. Carlos Hugo Barbery Alpire, rememora esta suerte de profecía que está inserta en el libro
Diego de Mendoza, de Germán Coimbra Sanz, dada en el siglo XVI y en pleno cumplimiento:

“Santa Cruz será el centro en donde converjan todos los caminos de esta parte del mundo. ¿Cuántos años pasarán para que eso suceda? Nadie lo sabe, pero así sucederá (...) La gente que aquí llegue de los cuatro horizontes, bendecirá esta tierra, bendecirá su nombre; porque el más poderoso no valdrá más que el pobre, ni el tirano más rudo podrá contra sus hombres”.

Tags