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Oferta electoral confusa y gris

María Teresa Zegada 30/1/2020 03:00

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El déficit de democracia y la crisis de los partidos son los signos de la época. El rechazo a los partidos se refleja en votaciones por candidatos outsiders o la dispersión del voto en nuevas y fragmentadas opciones políticas alejándose de los partidos tradicionales que habían ordenado los escenarios electorales en nuestros países por décadas. Otra señal anti-partido son las reiteradas protestas ciudadanas que se han intensificado en el mundo, y si bien emergen con demandas puntuales de orden económico o en rechazo a políticas públicas, terminan poniendo en cuestión la credibilidad en los gobiernos, las instituciones, las elecciones y los políticos; y terminan exigiendo más y mayor participación ciudadana.

Desde mi punto de vista, los partidos están atravesando por su peor momento desde la reconquista de la democracia a principios de los ochenta. En unos casos las siglas se han convertido en vehículos formales vacíos, útiles para habilitar a candidatos fortuitos; en otros, carecen de resonancia social y peso propio: en resumen, no convocan. Los mensajes y programas de gobierno hoy son construidos por los propios candidatos y sus entornos, no así por los partidos como en el pasado, por tanto, carecen de un anclaje institucional y de largo plazo. Por otra parte, las candidaturas son seleccionadas desde fuera de la política y con criterios electoralistas, pues se han perdido las nociones de militancia, carrera y trayectoria interna y formación política, los resultados son opciones partidarias inconsistentes, descoordinadas sin disciplina y vida orgánica. Tal vez este dramático diagnóstico no hay que verlo como una fatalidad sino como oportunidad de repensar las formas de representación y organización de la política.

Para los comicios de mayo, el menú electoral de la oposición es excesivamente amplio, lo cual puede perjudicar su llegada, en mejores condiciones, a la primera vuelta electoral. En condiciones de paz social la existencia de diversas fuerzas es adecuado, justamente porque representa de mejor manera la diversidad social de un país como Bolivia, no obstante, en momentos críticos como el actual existen más coincidencias que discrepancias entre ellos, por lo que la reunificación sería casi natural para enfrentar al MAS. Para el MAS en cambio, a diferencia de los anteriores, se está transitando por un momento que requiere de discrepancias, autocrítica, desarticulación y rearticulación programática, es un momento de expresión de las diversas voces que estuvieron confiscadas por un proyecto y discurso unívoco y por la la camisa de fuerza que significó la presencia del líder y su entorno.

Frente a este escenario que se organiza y se desorganiza, la sociedad decide tomar acción por cuenta propia, se involucra toma las calles y las redes, opina, denuncia, exige que el sistema político esté a la altura de la gestión de pacificación lograda después de los aciagos días del conflicto, frente a un momento confuso y gris que se ha planteado de cara a los próximos comicios.

Quizás el convencimiento subyacente de la ciudadanía es su propio protagonismo frente a la opacidad de los políticos. Su postura crítica al sistema se podría asociar a este breve fragmento de un poema turco, recuperado en una movilización ciudadana en México hace algunos años: “Si yo no ardo, si tú no ardes, sino ardemos juntos, ¿quién iluminará esta oscuridad?”

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