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30 de octubre de 2023, 4:00 AM
30 de octubre de 2023, 4:00 AM

La semana pasada la Cámara de Diputados del Congreso Federal brasileño finalmente aprobó el Protocolo de Adhesión del Estado Plurinacional de Bolivia al Mercado Común del Sur, firmado el 17 de julio de 2015 por los Estados miembros del bloque y el Gobierno boliviano en la ciudad de Brasilia, restando la aprobación del Senado que se espera culmine antes de la Cumbre Anual del MERCOSUR que se celebra en el mes de diciembre, en la cual es posible se anuncie la adhesión plena de Bolivia al Tratado de Asunción, próximo a cumplir 30 años.

Cabe destacar que el año 2016 Argentina y Uruguay remitieron sus respectivas aprobaciones congresales para la incorporación de Bolivia, así como la aprobación del Congreso paraguayo que ratificó el Protocolo de Adhesión el año 2018. La aceptación de Brasil estaba puesta en el congelador desde hace siete  años por el entonces Presidente Jair  Bolsonaro, contrario a la línea política del gobierno boliviano. El Acuerdo establece su vigencia, treinta días posteriores a la notificación del último instrumento de ratificación de los países miembros, al igual que el plazo de cuatro (4) años para aplicar todo el acervo normativo vigente en el MERCOSUR.

A efectos de nuestra incorporación plena al Mercado Común del Sur, se deberá conformar un Grupo de Trabajo que asegure la adopción por parte de Bolivia, de la Nomenclatura Común del MERCOSUR (NCM), el Arancel Externo Común (AEC) y el Régimen de Origen del MERCOSUR, debiendo quedar sin efecto, a más tardar en cuatro años, lo dispuesto en el Acuerdo Complementación Económica AAP.CE 36 BOLIVIA – MERCOSUR.

El plazo de conclusión de las tareas encomendadas al Grupo de Trabajo será de 180 días desde su primera reunión. Estas obligaciones suponen además a Bolivia la negociación en el seno de la Comunidad Andina de los compromisos asumidos en estas materias directamente vinculadas a la protección del mercado subregional andino y el acceso a terceros mercados. La incompatibilidad entre ambos acuerdos la debemos resolver ejerciendo la Presidencia de la Comunidad Andina el próximo año, situación compleja para la política exterior nacional.

Como lo dijera el entonces gerente de la CADEX, Lic. Francisco Terceros Suarez, cuando negociábamos la Zona de Libre Comercio Bolivia – MERCOSUR, allá por los años 1995-96, “el país está como Doña Flor y sus dos maridos, pero no se da cuenta que uno es real y el otro imaginario”, haciendo analogía de la posición boliviana con la famosa novela del escritor brasileño Jorge Amado, en referencia a la complementariedad de Bolivia con la Comunidad Andina y la competencia con la producción del coloso Mercosur. Los resultados comerciales en ambos Acuerdos en el último decenio reflejan este dispar costo/beneficio para el país, mientras en la CAN acumulamos un superávit de 4 mil millones de dólares, en la relación comercial con MERCOSUR acumulamos un déficit de 27 mil millones de dólares, descontando las exportaciones de Gas Natural.  

No obstante lo evidente de los magros resultados en la Balanza Comercial, es innegable la trascendencia económica de la integración física con tres de los cuatro países miembros del  MERCOSUR, ocupando casi la totalidad de nuestra frontera Sur con Argentina y Paraguay y nuestra frontera Este y Noreste con Brasil, esto además de la vinculación natural con los ríos de la Cuenca Amazónica en el norte del país y con la Hidrovía Paraguay-Paraná a través del Rio Paraguay en la frontera Sureste con conexión a la Cuenca del Plata y desembocadura al Océano Atlántico.  A esto se suma la integración vial en los corredores  bioceánicos que pretenden movilizar carga hacia-desde el mercado asiático con la consecuente generación ingresos por servicios logísticos y turísticos.

Nuestras mayores oportunidades con la integración plena al MERCOSUR están vinculadas a la complementariedad de oferta a mercados de ultramar con inversiones conjuntas en los sectores agroalimentarios como oleaginosas, cereales, carnes de bovino, biocombustibles, alimentos procesados, fertilizantes, nutrientes, etc. La integración en siderurgia, energía eléctrica en joint ventures similares a la cementera Itacamba (la mayor inversión privada en Bolivia durante la década pasada). En Puerto Busch y Canal Tamengo se podrían generar inversiones en astilleros para barcazas, aprovechando la fabricación de aceros planos, así como plantas de ensilaje de granos y tanques para almacenar combustibles. Las industrias y la tecnología en Brasil y Argentina pueden jalar la industria boliviana.

Las amenazas que se ciernen sobre cualquier proceso de integración no planificado estratégicamente para beneficio de todas las partes, es que los países menos aventajados en el MERCOSUR (Bolivia y Paraguay) nos quedemos consumiendo barato, sin aranceles ni impuestos, lo que nuestros socios puedan ofertar en el mercado interno, entonces no se generan oportunidades sino para el comercio, la informalidad y el tráfico fronterizo. La clave del beneficio de la integración está en cuánto podemos atraer nuevos capitales y tecnología para expandir la producción nacional en función de un mercado ampliado liberado de gravámenes, y cuan atractiva pueda ser la política nacional de promoción de inversiones nacionales y extranjeras, además de garantizar seguridad jurídica.

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