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Este lunes 28 de septiembre, Óscar Ortiz cumple años y todas las papeletas decían que su regalo podía ser su relevo como ministro de Economía. Es más, en la tarde del sábado ya lo daban por renunciado, algo que él mismo desmintió a través de un contacto telefónico. Decían también que Jeanine Áñez, la presidenta que él ayudó a poner en el cargo, le había pedido su renuncia a través de una carta enviada por su secretario personal, algo de lo que Ortiz no tenía noticia hasta el sábado. “Obviamente hay una campaña en mi contra. Alguien está filtrando rumores”, dijo. Y ese alguien se encuentra en el Gobierno de Jeanine Áñez, dentro de su gabinete.

Un político clave

Óscar Ortiz terminó la fallida elección de 2019 con el 4% de los votos y fue una de las víctimas del voto útil a favor de Carlos Mesa, pero una vez desatado el escándalo de la sospecha de fraude en los comicios, supo maniobrar muy bien hasta poner a Jeanine Áñez en Palacio Quemado.

Ortiz había sido el mayor proyecto de poder político cruceño de los últimos años y había dedicado más de 15 años de su vida al ejercicio de la política a tiempo completo. Fue el último presidente del Senado republicano, antes del Estado plurinacional y durante el último periodo de Gobierno de Evo Morales se destacó como un senador que fiscalizaba al poder. Todo eso no le alcanzó para ganarse el favor popular en la votación del 20 de octubre, pero sí para jugar un papel importante en la primera parte de la Presidencia de Áñez. 

Al principio, se lo mencionaba como muy cercano al poder, ya que incluso su suplente fue jefa de gabinete de la presidenta. Él mientras tanto, se encargaba de la coordinación en la Asamblea Legislativa, para conseguir leyes como la anulación de las elecciones, la nueva convocatoria y la elección del primer Tribunal Supremo Electoral del posevismo.

Después de eso, saltó al Ejecutivo justo en el momento en el que el Gobierno de Áñez comenzaba a hacer aguas y la crisis del coronavirus se llevaba por delante la popularidad del mandato de la presidenta, que también era víctima del brote de coronavirus en Palacio Quemado, y fue uno de los ministros que se contagió.

Desde su alta médica, ya la salud del Gobierno de Áñez no era lo suficientemente fuerte como para salvar su candidatura, lo que llevó a la disolución de Juntos y las tensiones y rumores de una crisis de gabinete.

Elfec, el origen

Según las mismas fuentes de Palacio, la tensión entre Ortiz y una parte del gabinete comenzó con el caso de la devolución de las acciones de Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica Cochabamba (Elfec). La presidenta Áñez aprobó un decreto para analizar la situación de la empresa, nacionalizada por Morales sin indemnización en 2010, y se comprometió en devolver las acciones a sus trabajadores y a los accionistas, algo que fue valuado como una “retribución” de entre $us 140 millones y $us 300 millones. 

Esto ya provocó la destitución de José María Cabrera, procurador general del Estado, que calificó este acto como una privatización, contraria a la Constitución y las leyes, mientras que el ala del gabinete que está a favor de esta medida, la califica como una devolución de las acciones, ya que nunca se indemnizó a los propietarios.

Según las fuentes consultadas, esto hizo que la tensión entre Ortiz y otros miembros del gabinete vaya en aumento hasta originar los rumores de su salida y su sustitución por Branko Marinkovic, que funge como ministro de Planificación del Desarrollo y que se integró hace pocas semanas al Gobierno, tras retornar de Brasil, donde pasó más de una década como refugiado político.

Esta ola de renuncias llega en el peor momento para Demócratas, partido de Áñez y Ortiz que no solo perderán todas sus bancadas en la Asamblea Legislativa en la próxima elección, si no que ven peligrar sus espacios locales en Santa Cruz y Beni. Para ver esas situaciones, este lunes los militantes del partido cruceño que aspiraba a ser nacional, se reunirán en Santa Cruz.