13 de agosto de 2021, 5:00 AM
13 de agosto de 2021, 5:00 AM


La aplicación de las vacunas contra el coronavirus tiene patrones de desorganización desde el comienzo de la campaña, y ahora se repite ese mismo problema con la administración de la segunda dosis de la vacuna rusa Sputnik V.

Primero fue la incertidumbre por el incumplimiento de Rusia en la entrega de la famosa segunda dosis, que inicialmente debió colocarse 21 días después de la primera, luego extendieron dos veces más los plazos hasta 60, 90 y 120 días, con explicaciones no del todo científicas, que más parecían producto de la arbitrariedad y la improvisación ante la imposibilidad de cumplir los compromisos contractuales pagados que ese país había contraído con Bolivia.

Ahora son las largas filas que se forman en los centros donde tendría que inyectarse el inmunizante, y por tanto la falta de respeto con las personas de edad avanzada que pasan la noche en los distritos donde debieran recibir la segunda dosis, para encontrarse a media mañana del día siguiente con la noticia de que no hay vacunas o porque no les llegaron o porque se acabaron.

En los lugares donde sí hay vacunas, los beneficiarios se quejan de que en muchos casos ni siquiera existe el personal suficiente para atenderlos, por lo que el ritmo de la aplicación es excesivamente lento.
Otro es el problema de los cronogramas: mala difusión de las fechas y para colmo los cambios y postergaciones de último momento y sin explicación que dejan confundidos y molestos a quienes debieran recibir la dosis.

Si las autoridades nacionales de salud se aplazaron en el cumplimiento de los compromisos con la población con la segunda dosis de la vacuna rusa, los Sedes departamentales, al menos el de Santa Cruz, también reprueban por la deficiente organización de las fechas y la mala comunicación de los cronogramas a la población.
Lo peor de todo es que los perjuicios en este caso alcanzan a las personas de la tercera edad, que son las que primero recibieron la dosis inicial de la vacuna rusa.

Ahora que les toca el complemento, sufren por las colas, los trasnoches y la decepción del día siguiente o porque acuden a los centros con la esperanza de completar su ciclo de inmunización, pero allí se enteran que aún no les corresponde.

La insensibilidad del personal del Sedes no es admisible cuando se trata de personas de la tercera edad. Se conocen casos de personas que acudieron cuatro veces a los centros de vacunación para completar su esquema y después de varias horas de espera les informaron que las dosis estaban agotadas.

Tampoco es aceptable responsabilizar de la desorganización o las quejas a los propios beneficiarios, como hacen algunas autoridades del Sedes cruceño. Si no se difunde correcta y suficientemente información acerca de los cronogramas, no se les puede culpar a las personas de la tercera edad de “no informarse” o ser irrespetuosos.

También se espera que en el caso de las nuevas medidas decretadas por la Alcaldía de Santa Cruz, entre ellas que ahora se exigirá el certificado de vacunación para ingresar a restaurantes, establecimientos comerciales, boliches y otros lugares con alta concentración de personas, se lleve adelante una tarea de información clara y precisa para evitar confusiones y disgustos.

La información no es una ciencia complicada; con un poco de sentido común se puede mantener a la población bien informada para evitar inconvenientes como ocurre en las filas por la segunda dosis de la vacuna rusa.

Tags