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21 de noviembre de 2023, 3:00 AM
21 de noviembre de 2023, 3:00 AM

El contundente triunfo de Javier Milei pone a Argentina frente a un nuevo horizonte, diferente al recorrido durante la última década o más. Es ultraliberal y, como tal, es enemigo de que el Estado cope los espacios, especialmente los que tienen que ver con la producción en su país. Lo felicitaron los políticos de su corte y línea; otros, como Lula, fueron diplomáticos y distantes; mientras que los menos fueron críticos en extremo, como Petro, el presidente de Colombia.​

Argentina le dio el triunfo con el 55% de los votos, especialmente en las provincias, aunque también logró seducir a gran parte de Buenos Aires (el espacio donde el peronismo tiene su mayor fortaleza). Hubo 11% de diferencia con relación a Sergio Massa, el contendor y actual ministro de Economía, que había logrado estar a un paso de la Presidencia, a pesar de la debacle económica que tiene ese país.

Javier Milei tuvo una carrera sinuosa hacia la Presidencia. Comenzó con un discurso durísimo contra la que llamó la “casta política”, con el que se posicionó como ganador en las primarias; cayó en las elecciones nacionales y el cambio de la votación fue atribuido al temor que generaba con propuestas radicales como la dolarización de la economía, la liberación del porte de armas y hasta su apertura a la comercialización libre de órganos. No obstante, en la recta final tuvo que suavizarse para lograr el apoyo de los indecisos y de los opositores no tan extremos.

En el último periodo se lo vio edulcorado y muy a la defensiva, porque el gobernante peronismo desató una campaña basada en el miedo. Sin embargo, tuvo a su favor la realidad cotidiana de los argentinos, sumergidos en una inflación que ha llegado al 140% y una inestabilidad de precios que los ponía en una encrucijada: llevar a la presidencia a Massa (ministro de Economía que no daba puntada para manejar el desbarajuste financiero) y resignarse a más de lo mismo o votar por un candidato que ofrecía deshacerlo todo para construir una realidad diferente, aunque incierta.

Sin embargo, ahora que Milei es presidente, tiene el desafío de cumplir la promesa de mejorar la realidad argentina, aunque el camino para conseguirlo viene cuesta arriba: tendrá que reducir el aparato del Estado, disminuir los infinitos bonos y subsidios, dolarizar la economía y un largo etcétera prometido. Y lo tendrá que hacer sin mayoría en el Congreso y sin el respaldo político de gobernadores e intendentes, porque no hay ninguno de su línea. Una de las frases que más se escucha es: “Otra cosa es con guitarra”.

En Bolivia, la reacción del presidente Luis Arce ha sido sobria, habla del respeto a la voluntad democrática de Argentina y promete que trabajará para que las relaciones entre ambos países sigan firmes, con base en la hermandad, complementariedad y respeto mutuo. Bolivia tiene en Argentina a uno de los principales compradores de gas y hay lazos económicos que, probablemente, ahora se manejen por los números y no por las ideologías, como tiene que ser.

No obstante, en el MAS la victoria de Milei es una luz roja, como lo remarcó el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, quien alertó sobre la división como causa de la derrota de la izquierda en Argentina.

Es de esperar que el respeto y la conveniencia mutua sean el faro. Entretanto, hay que ver cómo serán las medidas económicas en Argentina y su repercusión en Bolivia. Sobre todo, hay que desear que ese país transite hacia una realidad de mayor prosperidad y bienestar para sus habitantes.

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