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Otro proceso de cambio

Pablo Mendieta 15/4/2021 05:00

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En septiembre de 1970 el entonces profesor de la Universidad de Chicago Milton Friedman publicó en el periódico New York Times una columna titulada “La responsabilidad social de la empresa en aumentar los beneficios”.

En breve, el Premio Nobel de Economía 1976 señaló que, dada la naturaleza de persona jurídica de una corporación, su objetivo debía centrarse en obtener la mayor cantidad de utilidades para sus accionistas.

Visto aisladamente, daría la impresión de que las empresas solo debían orientarse a maximizar la rentabilidad. Leyendo con más detenimiento el artículo, el argumento de Friedman es que mientras más beneficios tengan las empresas, sus propietarios tendrían más recursos para destinar a los fines que vean convenientes, incluyendo la cooperación social.

Pese a esa influyente visión, el mundo de los negocios ha adoptado con mayor énfasis el concepto de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Las empresas no solo se orientan a la búsqueda de beneficios, sino también a acciones de cuidado del medioambiente y de bien social a la ciudadanía.

Las empresas mundiales y bolivianas están enfrascadas desde hace varias décadas en la RSE, tanto de forma particular como también en asociación con otras empresas. Por ejemplo, Cainco tiene en su seno a Fundare para el reciclaje, Fundasol con bomberos voluntarios y Avanza con becas para estudios universitarios.

Sin embargo, ese no es el fin del proceso de cambio en la empresa.

Hace 10 años los expertos en negocios Michael Porter y Mark Kramer publicaron un artículo titulado “Creando valor compartido” en la prestigiosa Harvard Business Review. En su visión el capitalismo está en entredicho y una forma de repararlo es a través de la reinvención e innovación en las empresas para resolver necesidades sociales. Apuntan a que las empresas en la actualidad se centran en satisfacer a los consumidores más allá del interés pecuniario, citando a empresas como Google, IBM, Nestlé, Unilever, entre otros.

Y a inicios de este año en plena pandemia, el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, publicó el libro “El capitalismo de las partes interesadas”, que va en contraposición a la idea de capitalismo de los accionistas de Friedman.

Parafraseando, “es una forma de capitalismo en la que las empresas no solo optimizan las ganancias a corto plazo para los accionistas, sino que buscan la creación de valor a largo plazo, teniendo en cuenta las necesidades de todas sus partes interesadas y de la sociedad en general.”

Esta noción no solo es popular en centros de pensamiento. En agosto de 2019 los directivos de 181 corporaciones que representan casi un tercio del valor accionario en el mercado de valores de EEUU y agrupados en la Mesa Redonda de Negocios firmaron una declaración.

En ella, los directivos indicaron que, a diferencia de sus predecesores lineados con la noción de Friedman, las empresas modernas I) entregan valor a los clientes; II) invierten en sus empleados; III) tratan de manera justa y ética a los proveedores; IV) apoyan a las comunidades; y, V) generan valor de largo plazo para los accionistas.

En este contexto, la economista Mariana Mazzucato plantea en su último libro de este año “Misión economía” que es hora de reinventar el capitalismo y redefinir los roles que tienen las empresas y los gobiernos. Aboga por el trabajo conjunto entre ambos mediante asociaciones público-privadas y un énfasis importante en la innovación empresarial y social.

En síntesis, es hora de replantearnos varios aspectos y paradigmas. Por ejemplo, sin trabajadores no hay empresa y sin empresarios no hay empleados. Eso no es todo. Empresarios y empleados no podrían existir sin los consumidores. Y estos no podrían serlo sin adquirir ingresos mediante el emprendimiento y el trabajo. Es un círculo virtuoso.

Estamos en el ritual anual de la discusión salarial. Ojalá prime la visión de las partes interesadas y no la de intereses de grupo como la que tuvimos en estos quinquenios, en aras del bien común: el empleo digno.



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