Opinión

Paciencia para llegar a elecciones confiables

23 de noviembre de 2019, 3:00 AM
23 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Pasar del desaliento a la esperanza y de nuevo a la incertidumbre no es tan difícil en Bolivia. Aún no se disipa la angustia generada por la crisis política que tiene en vilo al país. Los pasos que se van dando en la Asamblea Legislativa son ávidamente seguidos por los ciudadanos, como un sediento aguarda una gota de agua, aguardando buenas noticias. 

Entretanto, se mantienen las protestas en algunos puntos del país y también los discursos que azuzan desde el exterior. El terreno por el que atraviesa esta nación todavía es muy frágil. Por eso, extrañan las voces que tienden a agrietarlo, en lugar de trabajar por que se allane el camino rumbo a la pacificación nacional.

La mediación de organismos internacionales y de la Unión Europea han permitido que, finalmente, los representantes del MAS acepten sentarse con las fuerzas del actual oficialismo. Costó mucho que dejen a un lado la idea de rechazar la renuncia de Evo Morales con su mayoría congresal, que reconozcan el gobierno constitucional de la presidenta Jeanine Áñez y que acepten la posibilidad de ir a nuevas elecciones sin Evo Morales. 

Si se analiza, cada paso ha sido gigante, porque además de sus propias posturas, se avanzó en un clima de alta tensión, con atentados, con muertos y con un exmandatario diciéndole al mundo que era víctima de un golpe de Estado.

En lo político, el objetivo común del momento es que este gobierno transitorio termine con una convocatoria a nuevas elecciones que deben ser realizadas con transparencia, sin injerencia partidaria, confiables y que sean capaces de darle al país un presidente o presidenta que sea elegida por el pueblo, sin trampas.

Las heridas dejadas por el fraude son profundas. Por esa misma razón, hay que elegir a personas honestas, notables y confiables para el manejo del Tribunal Supremo Electoral y de los tribunales departamentales. El trabajo que realizarán es amplísimo. Solo para comenzar, deben contratar a personal técnico y altamente calificado para cargos fundamentales en la administración de cualquier comicio.

Hay que redactar una nueva Ley Electoral, en la que se elimine cualquier vestigio de favorecimiento al poder. 

Por ejemplo, debe ser ley la obligatoriedad de los candidatos a debatir, como ocurre en otros países del mundo. Ya basta de que haya aspirantes a la Presidencia que se rehúsan a contrastar sus planes e ideas sobre Bolivia y que se amparan en un supuesto respaldo ciudadano. Tampoco debe existir veto a la difusión de estudios de opinión serios y bien fundamentados. En fin, hay tanto que corregir en esta materia.

Pero ahora lo fundamental es que la prioridad nacional sea un proceso electoral bien llevado, con un padrón verdaderamente confiable, con un software transparente y adecuado. 

Es probable que dar todos esos pasos no sea posible en dos meses, como pretenden algunos sectores. Y en este aspecto, más que dar plazos, lo que hay que exigir es que las tareas se cumplan de manera adecuada y, una vez más, confiable para una Bolivia que no se merece tanta incertidumbre.

Es tiempo de aunar esfuerzos para que los bolivianos crean en un sistema político que está dando pasos para reconstruirse. Los juicios de valor acerca de si la presidenta quiere prorrogarse o no, no vienen al caso. 

Hay que apoyar para que el desenlace de esta pesadilla sea un mejor país, con mejores condiciones y con un Gobierno que realmente encarne la voluntad de la mayoría de los electores. Así lo entiende la comunidad internacional, cuya participación es fundamental en este momento. Así lo entiende la mayoría de los bolivianos.



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