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Para el presidente de Bolivia, Luis Arce, la economía nacional está volviendo a ser envidiable; para el resto de los ciudadanos, los que no necesitan vender una imagen de éxito y que lidian a diario para que los ingresos les alcancen, hay señales que dejan preocupación. Unas son palabras, otros son hechos. Entre ambos no hay coherencia.
Una de las últimas noticias que genera inquietud es la Resolución del directorio del Banco Central de Bolivia 029/2022, que instruye a las sociedades con participación mayoritaria del Estado que traigan el dinero que tienen invertido o en entidades financieras del extranjero. La acción debe producirse en 60 días, bajo pena de sanciones y multas que serán impuestas. ¿Por qué si todo está bien? Pues los economistas dicen que es porque falta liquidez.
A ello se suma una anterior disposición del Gobierno mediante la cual se instruye que la Gestora Pública financiará la Renta Dignidad con sus utilidades. Antes, este beneficio para las personas de la tercera edad era pagado con recursos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos. Esta fuente de financiamiento se mantendrá, pero está visto que ya no alcanza, que hay que recurrir a la Gestora, la misma que administrará el dinero de las jubilaciones en pocos meses.
Si se mira en paralelo lo que ocurre con las Reservas Internacionales Netas la situación es aún más preocupante. De más de 14.000 millones de dólares en 2014 cayeron al 10%; es decir un poco más de 1.400 millones de dólares en efectivo que, según los analistas, alcanza para respaldar las importaciones solo por un par de meses más. La tendencia de los ‘ahorros del país’ es a la baja y de manera sostenida.
Las Reservas Internacionales Netas son el respaldo de un país para pagar la deuda externa, para importar productos y para dar estabilidad. En los últimos años, Bolivia tuvo estabilidad cambiaria y una moneda fuerte, pero esta situación podría cambiar de manera preocupante.
A principios de año, el Gobierno emitió bonos soberanos con el objetivo de obtener unos 2.000 millones de dólares con ellos, pero solo se llegó a la tercera parte, lo que muestra que las proyecciones de fuentes de financiamiento no han ido como se esperaba. ¿Las razones? Son muchas, entre ellas la inseguridad jurídica y la baja calificación internacional que hay de Bolivia en el extranjero
Si bien el Índice de Precios al Consumidor señala que la inflación en Bolivia no alcanza los niveles elevados de países vecinos, la realidad del jefe de hogar le muestra que el dinero no alcanza para lo mismo ahora que hace un año. Estudios del Cedla indican que muchas familias están disminuyendo el consumo de productos nutritivos.
Mientras el panorama no es alentador, el Gobierno insiste en la confrontación con el sector agroproductivo. Las últimas escaramuzas tienen que ver con la escasez de maíz y la acusación de agio y especulación a los productores. Pero ya antes se han puesto restricciones a las exportaciones de carne, de granos y hasta de azúcar, como si el país no necesitará divisas, ingresos frescos provenientes del comercio exterior.
 El presidente Luis Arce es economista y administró la bonanza que tenía el país, pero resulta que ahora es tiempo de vacas flacas y es cuando más se necesita tener mirada de estadista para tomar decisiones acertadas. Seguir peleando con el sector privado no ayuda; tampoco seguir restringiendo las exportaciones. Que no espere a que tengamos la soga al cuello y nos estemos asfixiando para asumir medidas apropiadas, como achicar el aparato público, ajustarse los cinturones y ser capaz de armar equipo, porque para saltar el inmenso bache que hay al frente se necesita un esfuerzo mancomunado: con solo ideología y con más pelea no vamos a llegar a ningún sitio.

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