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8 de julio de 2024, 4:00 AM
8 de julio de 2024, 4:00 AM

Las pandillas son agrupaciones formadas mayoritariamente por jóvenes y adolescentes que comparten una identidad social y surgen de la asociación habitual de los grupos por un periodo prolongado. Emergen de la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades. Las pandillas buscan satisfacer sus derechos organizándose sin supervisión y desarrollando sus propias normas, afirmando una territorialidad y una simbología que otorgue sentido a la pertenencia grupal. 

Algunos definen el término pandilla como un grupo pequeño de cuatro o cinco personas que se reúnen en la esquina de una calle; para otros implica un grupo de personas, entre ellos jóvenes bien organizados cuyo propósito es ganar dinero por medio de actividades ilegales como el narcotráfico, los asaltos, secuestros y otras. Muchas pandillas surgieron durante los lapsos de entreguerras y algunas jugaron un rol importante en la desestabilización de gobiernos, a través de la generación del malestar social.

Las pandillas se originaron en Los Ángeles, California y se han expandido a otras regiones de los EEUU, Canadá, México, el norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras) y en el sur y otras partes de Europa (Italia, Portugal y España). Uno de las pandillas más famosas es la Mara Salvatrucha, considerada como una organización internacional de pandillas criminales, cuyas actividades incluyen violación, narcotráfico, extorsión, contrabando de armas, robos y asesinatos por encargo, entre otras. 

La mayoría de estos grupos irregulares están integrados por inmigrantes centroamericanos y se encuentran activos en zonas urbanas y suburbanas. En Sudamérica se han reportado algunos brotes en Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela, pero hasta ahora han fracasado en sus intentos de establecerse.

En nuestro país operan, desde hace poco más de un par de décadas, alrededor de 700 pandillas y tienen nexos con el microtráfico de drogas y otros hechos delictivos, según reveló una investigación de Los Tiempos de Cochabamba. La mayoría de estos grupos tiene base de operaciones en las ciudades de La Paz, El Alto, Santa Cruz de la Sierra, Oruro y la capital del valle.

En los últimos días, en la zona de Los Lotes, al sur de la urbe cruceña, se produjo un violento enfrentamiento entre pandilleros que además forman parte de las denominadas ‘barras bravas’ de los principales equipos del fútbol local. La brutal pelea culminó con la muerte de un joven de 18 años por golpes de machete en diferentes partes de su cuerpo. Dejó de existir antes de que le prestaran atención médica. Fuerzas policiales montaron un operativo que culminó con la aprehensión de una docena de adultos y de un menor de edad. Tras las investigaciones preliminares y declaraciones de los implicados, se llegó a establecer que el ataque feroz fue motivado “por la rabia que siempre nos hemos tenido,” reveló uno de los aprehendidos antes de ser enviado al penal de Palmasola donde el grupo de revoltosos permanecerá recluido durante 120 días por orden de una juez cautelar. 

No es la primera vez ni podría ser la última que estalla la violencia entre pandillas que han proliferado en una cada vez más poblada y extendida ciudad que carece de los controles necesarios por fuerzas policiales para garantizar el orden y la seguridad ciudadana, aunque sus mandos sostienen lo contrario. Los pandilleros son considerados delincuentes potenciales. Si no son corregidos y reorientados para enderezar el rumbo de su existencia antes de que sea tarde, un nuevo mal paso los convertirá en criminales. Como los ‘macheteros’ de la zona sur. Frente a este agudo y complejo problema social que nos debe sacudir como comunidad, no es admisible mirar hacia otro lado o cruzarse de brazos.

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