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14 de junio de 2024, 4:00 AM
14 de junio de 2024, 4:00 AM

En medio de una crisis alimentaria y económica, el Gobierno boliviano, liderado por el presidente Luis Arce, ha adoptado una serie de medidas drásticas para intentar estabilizar la situación del país. Estas incluyen la militarización de fronteras y estaciones de servicio, batidas en los mercados y la promoción de ferias estatales de venta directa. La pregunta que surge es si estas acciones representan soluciones efectivas a largo plazo o simplemente son paliativos temporales que no abordan las causas profundas de los problemas económicos de Bolivia.
La decisión de militarizar las fronteras y estaciones de servicio busca controlar la salida de productos nacionales al exterior, con la esperanza de mantener un suministro adecuado de bienes esenciales dentro del país y evitar el alza de precios. En teoría, esta medida podría reducir la escasez de productos y estabilizar los precios en el mercado interno. Sin embargo, la implementación de controles militares suele traer consigo una serie de desafíos y riesgos. Y al final, son más los problemas porque la intervención siempre acaba distorsionando el mercado y provocando el efecto contrario.
Primero, la militarización puede llevar a un aumento en la tensión social y política. La presencia de militares en áreas civiles y económicas podría ser percibida como una medida autoritaria, generando descontento y resistencia entre la población y los comerciantes. Además, la efectividad de esta estrategia depende en gran medida de la integridad y eficiencia de las fuerzas armadas y de seguridad, las cuales deben actuar sin incurrir en corrupción o abuso de poder.
Segundo, estas medidas no abordan las causas estructurales de la crisis económica. La escasez de dólares en el país, mencionada por el presidente Arce, es un problema profundo que requiere soluciones a largo plazo, como la diversificación de la economía, el fomento de exportaciones con valor agregado y la atracción de inversiones extranjeras. Sin una estrategia económica integral, las soluciones basadas en el control militar solo pueden ofrecer un alivio temporal.
Por otro lado, las batidas en los mercados y la promoción de ferias estatales de venta directa son esfuerzos para asegurar que los alimentos y otros productos básicos lleguen directamente a la población a precios justos. Estas medidas pueden ser positivas, pero solo serán efectivas si van acompañadas de una infraestructura logística eficiente y de un sistema de supervisión transparente que evite prácticas corruptas. Parece que en Bolivia no aprendemos que los subsidios no solucionan el problema de raíz.
La crisis alimentaria mencionada por el presidente Arce no es exclusiva de Bolivia, sino que es un fenómeno que afecta a muchos países debido a factores como el cambio climático, las interrupciones en la cadena de suministro global y las políticas comerciales internacionales. La interconexión de estos factores significa que Bolivia debe también participar activamente en soluciones regionales e internacionales para enfrentar estos desafíos.
En conclusión, mientras que las medidas de control y militarización pueden proporcionar un alivio a corto plazo, no son soluciones sostenibles para los problemas económicos de Bolivia. La verdadera solución requiere un enfoque multifacético que incluya reformas estructurales, desarrollo económico sostenible y atracción de inversión. Con la reciente visita del presidente de Paraguay a Bolivia en busca de inversión privada, se debe aprender esa estrategia que genera fuentes de empleo. Solo así se podrá garantizar una economía robusta y resiliente capaz de enfrentar las crisis futuras.

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