12 de noviembre de 2023, 6:56 AM
12 de noviembre de 2023, 6:56 AM

Van 37 días de bombas y muerte en Israel y la Franja de Gaza. Van más de 11.000 personas muertas en Palestina y más de 1.200 en Israel. Los ataques dejan destrucción, dolor, condena y clamor por la paz. La guerra es un monstruo grande y pisa fuerte, porque no mide el daño, porque las vidas se hacen secundarias cuando el único afán es la destrucción del enemigo.

Los relatos son estremecedores. Israel cree que Hamás tiene a los rehenes en sótanos debajo de los hospitales y no ha cesado los ataques, incluso a 20 metros de los centros asistenciales, donde están los heridos y los refugiados. Cuando intentan salir para evacuar, son abatidos; por tanto, la gente se siente atrapada y sin esperanzas.

En la Franja de Gaza hay unos 30 hospitales, pero 20 no funcionan. Los que quedan en condiciones de atender a los heridos carecen de electricidad y de otros insumos, lo que obliga a los médicos a practicar cirugías sin anestesia, a ver a recién nacidos que se mueren porque no hay cómo sostenerlos en incubadoras. Tanto los que tienen lesiones como los buscaron refugio en los nosocomios están hacinados y esto los expone a graves infecciones; mientras los cadáveres se apilan sin poder darles sepultura.

El ataque de Hamás a Israel, que dejó más de 1.000 personas muertas, ha desatado una respuesta sobredimensionada y cruel. Bajo el argumento de recuperar a los rehenes, el gobierno de Netanyahu ha prometido arrasar en la Franja de Gaza, pero en su empeño no respeta ningún código humanitario: los hospitales son bombardeados, se está atacando a civiles que intentan escapar y ha habilitado un precario paso para salir de la zona de guerra, pero bajo condiciones que son inhumanas.

“El papa Francisco encabeza la campaña internacional para frenar esta barbarie. El domingo pasado dijo: Les ruego en nombre de Dios que paren, cesen el fuego. Deseo que se estudien todas las posibilidades para evitar a toda costa que continúe el conflicto”.

Su clamor no es el único, la Organización Mundial de la Salud advirtió sobre los estragos que ya está causando la falta de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, donde no hay electricidad, alimentos, combustibles y otros suministros imprescindibles. Es más, incluso tuvo que haber una intervención internacional para que Netanyahu deje pasar algunos camiones con alimentos, agua y otros insumos básicos.

En varios países del mundo, la sociedad civil se moviliza para demandar un alto al fuego, incluso en contra de gobiernos que están alineados con Israel y sus ataques. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que estas voces globales justifiquen al grupo terrorista Hamás, que ha comenzado esta guerra con un primer ataque. El pueblo palestino queda en medio, como una víctima injusta de una guerra con otros intereses.

Es por eso que el clamor de la paz debe tener eco en cada rincón del planeta, para que los intereses económicos y políticos no estén por encima de la vida de las familias: niños, ancianos, padres y madres que están muriendo como consecuencia de los bombardeos y como efecto de la falta de electricidad, alimentos, combustibles que bloquean la posibilidad de dar debida atención a las víctimas.

Desde EL DEBER nos hacemos eco de las palabras del papa Francisco: “En nombre de Dios paren, cesen el fuego”. Son más de 12.000 las personas muertas en poco más de un mes y son decenas de miles los heridos, mientras que muchos más perdieron su casa y su seguridad. ¡Que se acabe la barbarie!





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