1 de agosto de 2023, 4:00 AM
1 de agosto de 2023, 4:00 AM

La emergencia sanitaria por el covid ya es pasado en Bolivia. Hoy ya no es obligatorio usar barbijo en todas partes, salvo los centros de salud, y el coronavirus pasa a la lista de enfermedades respiratorias sin tener la gravedad que tuvo desde el año 2020. Pasaron 40 meses desde que se declaró la emergencia sanitaria. Hubo mucho sufrimiento, pero las enseñanzas no fueron tan profundas ni tan abundantes a pesar del dolor.

El covid-19 llegó a Bolivia en marzo de 2020. El país y el mundo se paralizaron. Una enfermedad respiratoria estaba matando a millones de personas y no había una cura conocida, no existía la vacuna, por lo que los gobiernos estaban desconcertados y buscando a tientas el menor impacto para su población. Todo se congeló. Como en una obra surrealista, las calles de todas las ciudades quedaron sin movimiento, se aceleró el salto digital y el teletrabajo, miles de familias que viven al día sufrieron la escasez.

Oficialmente, en Bolivia hubo 1,2 millones de casos de coronavirus y murieron más de 22.000 personas por la enfermedad. Es probable que la cifra sea mayor en ambos casos, debido a que muchos pacientes no reportaron formalmente el contagio y se trataron en sus casas. Pero, aun así, la cifra es inmensa para la cantidad de población del país.

La pandemia dejó ver el precario sistema de salud en el país. Cuando los pacientes se ahogaban por dificultad respiratoria, faltaban unidades de terapia intensiva en los hospitales; durante varios momentos de la emergencia sanitaria hubo escasez de pruebas y de medicamentos. Tampoco había especialistas. Se vivía una pesadilla que se tornó en horror con la compra corrupta de respiradores que no sirvieron y la especulación de parte de mercaderes de la muerte que vendían antibióticos a precios exorbitantes.

La pandemia paralizó la economía y generó un decrecimiento que bordeó los dos dígitos del que hasta ahora no nos recuperamos completamente. Este solo hecho debió haber permitido una reconfiguración del modelo económico y una búsqueda de sinergia para que todos juntos rememos hacia un puerto de bienestar. En cambio, los productores siguen siendo castigados, mientras el Gobierno insiste en poner cupos y franjas de precios, persiste en crear empresas deficitarias que compiten con lo que genera el sector privado, además del excesivo gasto corriente estatal, entre otros desaciertos que tienen debilitada la economía nacional.

Si se analiza el sistema sanitario, se verá que, aunque ahora hay más unidades de terapia intensiva, siguen los problemas de falta de recursos: infraestructura, equipamiento, medicamentos y personal para atender a millones de pacientes que acuden a los servicios públicos de salud. Lamentablemente, no se aprendió la gran lección.

Durante la pandemia los estudiantes de colegios y universidades tuvieron que permanecer en casa, y los maestros se enfrentaron a la brecha digital: gran parte de ellos no sabía cómo impartir clases por vías digitales. Cientos de miles de niños y adolescentes se mantuvieron al margen por falta de acceso a internet. En suma, se develó que el país es precario en conectividad y que el precio del internet es demasiado elevado. Las cosas no cambiaron mucho y quedan los vacíos que deberían haberse reparado. Los estudiantes aún están rezagados respecto a los niveles de formación que deberían alcanzar.

Pero hace mucho tiempo que la vida del boliviano de a pie les importa poco a las autoridades de todos los niveles de gobierno. A la hora de la verdad, los presupuestos de salud y educación son los más bajos.

Pasaron 40 meses de emergencia sanitaria por covid en el país. Pese al dolor, son pocas las lecciones aprendidas.

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