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22 de diciembre de 2022, 7:00 AM
22 de diciembre de 2022, 7:00 AM

A poco de concluir el vigésimo segundo año del Siglo XXI d.C., es indispensable hacer una evaluación sobre las metas cumplidas y los pendientes que estamos dejando, metas inconclusas, tareas no iniciadas, conflictos que no superamos y otros sin sabores que nos dejan la sensación del deber no cumplido. En cada caso habrá una excusa, o una circunstancia que impidió que lográramos lo que teníamos propuesto, en muy pocos casos buscaremos en lo interno de nosotros y nuestras organizaciones las razones o causas que impidieron alcanzar los objetivos trazados.

A nivel global todos los países esperábamos una fuerte recuperación de la economía, como lo venía sucediendo hasta el primer trimestre de 2022, reforzando el inicio del apreciable comportamiento del comercio de mercancías y servicios en la segunda mitad de 2021. Lamentablemente a fines del mes de febrero se produjo la invasión de Rusia a Ucrania, el primero uno de los mayores exportadores de energía, especialmente gas a Europa y parte de Asia al igual que gran productor de fertilizantes y derivados del petróleo, el segundo uno de los mayores productores de trigo, cebada y maíz, llegando a representar en promedio entre el 12% y 15% de la producción mundial de estos alimentos. Resultado de la guerra, una inesperada inflación global de los alimentos y los combustibles amenazan la estabilidad de las economías más dependientes, por tanto reducen su crecimiento y contraen su demanda y el empleo.

El otro fantasma al acecho el 2022 fue la desaceleración de la PIB en las economías más desarrolladas como Estados Unidos y Europa,  al igual que la reducción de la tasa de expansión ya moderada de China y el resto de los países emergentes (India, Corea del Sur, Malasia, Indonesia, Vietnam y otras), en el caso de China producto del confinamiento impuesto por la política de “cero-covid” y en el resto de países por la disminución de sus exportaciones a las regiones de mayor consumo. El último reporte del Banco Mundial “2022, un año en revisión” indica que la tasa de desaceleración del producto global bruto es la más profunda desde 1970 y que la confianza del consumidor sufre una caída mucho más pronunciada que durante los periodos previos a recesiones mundiales anteriores.

Las otras cuestiones globales pendientes, conciernen al estancamiento en la reducción de la pobreza y los efectos del cambio climático. En el primer caso seguimos bordeando los 600 millones de personas que viven en extrema pobreza con menos de un dólar diario situación que empeoro durante la pandemia y que las políticas públicas y las ayudas de los organismos financieros internacionales no han podido revertir. Respecto al cambio climático la situación aún es más dramática y grave, señala el Banco Mundial en el mismo informe, que más de mil millones de personas que viven en los países menos adelantados son quienes reciben el impacto directo de los desastres provocados por el cambio climático, mientras estos países apenas aportan menos del 4% de las emisiones de carbono.

En el contexto nacional experimentamos hasta el tercer trimestre una apreciable recuperación económica, con la expectativa de superar la tasa de crecimiento del PIB de la gestión 2021, superando el 4,5% al primer semestre de 2022; la expansión de las exportaciones hasta el mes de octubre ya superaban al total de las exportaciones del pasado año, alcanzando los 11.600 millones de dólares, un 24% mayor al valor exportado en similar periodo el año anterior. En el caso de las importaciones al décimo mes del presente año ya habían superado en un 43% las compras externas de similar periodo el año 2021. La balanza comercial arroja un superávit de 825 millones de dólares y se espera completar el año con un remanente de al menos 1.000 millones de dólares. Nuestras expectativas de mayor crecimiento se vieron frustradas por el conflicto del censo, que derivó en un irracional paro de 36 días de la región que más aporta al PIB y al comercio.

Es innegable que estos saludables indicadores macro económicos acompañados de una baja tasa de inflación acumulada del 2.8% al pasado mes de octubre; la estabilidad del tipo de cambio inamovible por más de diez años; la más alta reducción de la pobreza de América Latina según el último informe de la CEPAL, sumado a la solidez del sistema financiero, permiten al país aún gozar de una razonable estabilidad con insuficiente crecimiento y baja confianza, lo cual se expresa en las calificaciones que recibimos de parte de las empresas globales calificadoras del riesgo.

Nuestro mayor problema siguen siendo los pendientes no resueltos por la clase política que mantienen el nivel conflictividad social en su punto de ebullición, la crisis política en el mismo seno del partido gobernante y las demandas sociales  de regiones o sectores que no atendidas de forma oportuna nos provocan daño económico incalculable, no solo al aparato productivo del país, sino a poblaciones vulnerables como los niños en edad escolar, las personas de la tercera edad y la población que se mantienen en niveles de pobreza y subsistencia provista por la informalidad.

Dejamos también pendiente, frenar el endeudamiento interno y externo, un mayor ahorro en el gasto público, darle sostenibilidad a las reservas internacionales, generar mayor seguridad jurídica a la inversión nacional y extranjera, aumentar la competitividad logística, liberar las exportaciones regular el uso de la biotecnología y promover el consumo del etanol.

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