.

El Deber logo
16 de julio de 2023, 4:00 AM
16 de julio de 2023, 4:00 AM

Xavier Aragay

Actualmente estoy cursando un programa en el MIT xPRO sobre pensamiento sistémico en el cual estamos explorando las bases teóricas y conceptuales de esta disciplina, así como su aplicación en diferentes entornos técnicos y profesionales. A lo largo del curso, hemos estudiado conceptos clave como la emergencia, la función y el desempeño en sistemas, y hemos aprendido a identificar y describir las relaciones entre las entidades en sistemas aplicados a nuestras propias experiencias.

Dentro de este marco, me gustaría reflexionar sobre cómo el pensamiento sistémico y, en particular, los conocimientos adquiridos en este curso, se pueden aplicar para impulsar la innovación y la transformación educativa. 

El pensamiento sistémico es una herramienta fundamental en la innovación y la transformación educativa, ya que nos permite comprender las interacciones y dinámicas complejas dentro del sistema educativo. De hecho, la metodología del camino de la transformación educativa creada por Reimagine Education, ha incorporado el análisis y el pensamiento sistémico en todo el proceso, complejo y dinámico, de transformación de una institución educativa.

En este contexto, es especialmente importante destacar dos elementos clave para impulsar el cambio en el ámbito educativo: la cultura organizacional y las metodologías activas.

La cultura organizacional se refiere al conjunto de valores, normas, creencias y prácticas compartidas en una institución educativa. El pensamiento sistémico nos permite identificar cómo la cultura organizacional influye en la adopción de nuevas prácticas, tecnologías y enfoques educativos. Al comprender las resistencias y oportunidades presentes en la cultura organizacional, podemos diseñar estrategias efectivas para promover la innovación y la transformación educativas desde dentro.

Por ejemplo, una cultura organizacional que fomente la colaboración, la experimentación y el aprendizaje continuo facilitará la implementación de nuevos enfoques y tecnologías en el aula. Del mismo modo, el liderazgo y el apoyo de la Dirección de la institución son fundamentales para impulsar cambios y garantizar que se alineen con la visión y misión educativas.

En cuanto a las metodologías activas, se trata de enfoques pedagógicos que promueven la participación activa y el protagonismo de los estudiantes en su propio proceso de aprendizaje. Igual que con la tecnología, el pensamiento sistémico nos invita a considerar cómo estas metodologías pueden interactuar e integrarse con otros aspectos del sistema educativo para generar un impacto transformador.

La adopción de metodologías activas, como el aprendizaje basado en retos o el aprendizaje basado en proyectos, requerirá cambios en la formación docente, la evaluación y la organización del tiempo y el espacio en el aula. El pensamiento sistémico nos ayuda a identificar cómo estos cambios pueden influir en la dinámica del aula y en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero también en todo el ecosistema que compone la institución, para, así, asegurar una implementación exitosa y sostenible de estas metodologías.

Quiero finalizar este artículo compartiendo la impresión de que el pensamiento sistémico es una herramienta valiosa para impulsar la innovación y la transformación educativa, ya que nos permite comprender y abordar las interacciones y dinámicas complejas dentro del sistema educativo. Al incorporar este enfoque, podemos diseñar estrategias más efectivas y sostenibles para mejorar la calidad y la equidad en la educación, y preparar a nuestros estudiantes para afrontar los desafíos del siglo XXI.

Tags