Opinión

Piedra libre

10 de noviembre de 2019, 3:00 AM
10 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Entonces el hombre, de tanto caminar por el mundo, descubrió la piedra. Inicialmente se echaba en los pastos para descansar, pero luego sentose en una piedra y le pareció muy reconfortante. Ello le permitió ponerse de cuclillas y -quienes entramos al baño - sabemos que de cuclillas aparecen las mejores ideas. Por eso El Pensador es una escultura que concibió Rodin al hombre no de rodillas, sino, de cuclillas, con sus manos vacías y el tari funcionando a mil por hora.

Así nació antes, el homo sapiens; se concentró en otras piedras. No en la roca grande sobre la cual asentaba su rudimentario culo. Había piedras de todo tamaño que tenían un común denominador. Eran sólidas, no tenían fecha de vencimiento. Piedras que podían ser sujetadas con las manos. Con una mano. ¿Qué hizo entonces el hombre al tener una piedra en la mano? Pensó que podía ser su primer papel higiénico, pero escribió en las cavernas la palabra ¡karajhos!

Desde esa vez con un carajo y una piedra, en hombre salió a romper cabezas. Luego se descubrieron los metales y con ellos aparecieron los militares que suplieron la piedra por las balas, pero ese es otro cuento.

La piedra marcó en la prehistoria varios periodos. El mesolítico, paleolítico, el neolítico y luego con la historia, aparecieron el periodo neoliberal y el neocomunista, entre otros. Ahora esas piedras vuelven a ser protagonistas y, como ocurre en democracia, todos están en de derecho de jugar piedra libre, pero es un juego muy peligroso.

Entonces el hombre abrigó la esperanza de encontrar piedras pintadas por la ilusión y por añadidura, tener en las manos las piedras preciosas de la paz y la libertad, recordando que tenemos una piedra que se llama bolivianita que, más que nunca, a tiene que brillar en democracia.

¿Qué nos queda después de todo esto? Nos quedan piedras en el camino. Hay que levantarlas aunque estén manchadas de sangre, de odio, racismo. Piedras que fueron levantando una torre de Babel donde la única palabra que entendíamos fue ¡carajo!

Mi suegra, que revisa mis originales me dijo que necesitaba que debía ser más concreto y profundo, que necesitaba de una piedra filosofal en mi cabeza. Me dijo “No sea pa’ nada, no tema a las piedras, porque usted tiene cabeza dura”.

Ella tiene piedras en los riñones y no le digo nada.



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