15 de septiembre de 2022, 4:00 AM
15 de septiembre de 2022, 4:00 AM

El Gobierno nacional ha anunciado el inicio de la construcción de una Planta de Biodiésel en Santa Cruz, en un momento en que más necesaria y oportuna no podría ser: Bolivia ha elevado considerablemente su gasto en la importación de ese combustible simultáneamente a la reducción de las exportaciones de gas, lo que pone a la ecuación de ingresos/egresos en una comprometedora situación. El dinero que Bolivia recibe actualmente por la venta de sus hidrocarburos no alcanza para cubrir lo que se gasta en la importación de combustibles.

Después de dos convocatorias declaradas desiertas, la planta fue adjudicada en forma directa a la subsidiaria YPFB Refinación S.A., en cumplimiento del Reglamento de Contrataciones del Decreto Supremo 29506. La empresa está calificada para desarrollar ese proyecto, según una comunicación oficial de la estatal petrolera.

Se estima que la construcción demandará una inversión de $us 387,5 millones y cuando la planta se encuentre en producción se podrá reducir la importación de diésel que actualmente el Estado boliviano compra y vende de manera subvencionada a los consumidores, para evitar el impacto económico y social que podría tener una comercialización a precios reales del mercado.

El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, dijo que hay dos proyectos para producir biodiésel y que con ellos se sustituirá aproximadamente el 45 por ciento de las importaciones de diésel y gasolina. Una planta considerada ‘pequeña’ entrará en funcionamiento el año 2023, y otra más grande comenzaría a operar en 2024.

Esos planes se llevan adelante en el marco del Programa de Sustitución de Importaciones de Diésel Oil mediante proyectos de biodiésel de tecnologías FAME, es decir, elaborados a partir de la transesterificación de aceites vegetales y diésel renovable HVO que utiliza vegetal hidrotratado.

De esa forma, en paralelo se impulsará la producción de soya, jatropha, totaí, cusi y otros vegetales de los cuales se extraerán los aceites denominados de segunda generación, no aptos para el consumo humano.

El biodiésel es bastante utilizado en otros países de la región. En Bolivia se prevé que entre el 5 y 10 por ciento del consumo total de combustibles tendrá como origen la producción de estos nuevos proyectos.

Por ahora no se conoce aún de manera suficiente las condiciones en que se producirán los recursos que se utilizan como materia prima de este combustible. Tampoco se sabe si el país estará en condiciones de satisfacer la demanda de esas plantas ni el daño ambiental que se ocasionará.

Sin embargo, a primera vista, y sin entrar en profundidades de las que se conoce muy poco por ahora, parece un proyecto interesante que podría reactivar en parte el agro y fundamentalmente detener la salida de divisas por la compra de diésel importado.

Es de esperar que el proyecto se desarrolle en condiciones de transparencia y no sea fuente de corrupción, aunque ya hay denuncias de que los costos presupuestados estarían por encima de proyectos similares en otros países de la región.

Igualmente, ojalá que este nuevo emprendimiento del Estado empresario no termine convirtiéndose en un nuevo elefante blanco, como las varias empresas estatales que le costaron muy caro al país y que no operan o trabajan a pérdida.

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