2 de julio de 2021, 5:00 AM
2 de julio de 2021, 5:00 AM


Una buena noticia con una imagen elocuente se conoció el lunes desde el altiplano paceño, cuando la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) y el Instituto Tecnológico Jach’a Omasuyos de Achacachi, región conocida por ser el territorio de origen de los denominados Ponchos Rojos, se dieron la mano con un acuerdo para intercambiar experiencias..

La CAO comprometió su palabra para realizar transferencia tecnológica, permitir a los estudiantes de ese instituto realizar pasantías en instituciones y empresas afiliadas a la Cámara, así como también dar asesoramiento a los productores de Achacachi con el objetivo de fortalecer la actividad agrícola de esa región, lo que además de dar un beneficio económico, permitiría evitar el éxodo de los jóvenes a las grandes ciudades.

El acuerdo se selló con una imagen simbólica muy importante para estos tiempos cuando el presidente de la CAO, Oscar Mario Justiniano, recibió y vistió un tradicional poncho rojo y un chullo altiplánico, mientras el rector del Instituto Tecnológico, Guillermo Villavicencio, y otros dirigentes campesinos de la zona recibieron y se pusieron sombreros de sao del oriente boliviano.

Después vinieron los abrazos y las expresiones de confianza en el potencial de aquella región andina para la producción de alimentos y así sumar al altiplano como zona productora para lograr la soberanía alimentaria del país. Como en todo, habría un intercambio de conocimientos, porque cada uno tiene mucho por dar, así como por recibir.

Hasta ahí todo bien. Parecía que algo estaba cambiando en el país cuando dos sectores distantes en el pasado se daban la mano en señal de entendimiento, diálogo, colaboración y pertenencia a un mismo país; donde las diferencias se reconocen y respetan, pero enseguida se aprovechan para beneficio mutuo de ambas regiones.

Sin embargo, tres días después apareció el ejecutivo provincial de los Ponchos Rojos, Ruddy Condori, quien en una conferencia de prensa acusó al rector del Instituto Tecnológico de usurpar funciones y utilizar el nombre y uniforme de la provincia Omasuyos, y en consecuencia pidió su renuncia.

“Tenemos entendido que el rector de esta institución incluso ha regalado ponchos, nuestro uniforme que es característico y la esencia de nuestra organización, a los empresarios del oriente”, declaró Condori, en una clara expresión de hostilidad. Es como si alguna comunidad del oriente de Bolivia exigiera al presidente de la CAO que renuncie por haber regalado sombreros de sao al rector del Instituto Tecnológico de Omasuyos.

El incidente permite distinguir con claridad la diferencia entre dos gestos de pobladores de una misma región: mientras la economía y la academia unen, la política separa. Con el acuerdo, el rector Villavicencio se juega por la mejor formación de sus estudiantes, por aprovechar el saber hacer del oriente en cuestiones productivas y en definitiva por el bienestar de su región. ¿Qué se podría decir del dirigente Condori? ¿Qué interés defiende o qué objetivos persigue con esa irracional resistencia a que su región encuentre posibilidades de recoger la amplia experiencia productiva del oriente?

Hay que alentar a quienes se dieron la mano a continuar por el camino del diálogo y la colaboración mutua. Si hay alguna ruta de viabilidad para un país dividido en muchos sentidos, esa es la que abrieron Justiniano y Villavicencio, con acuerdos, ponchos y sombreros de sao.



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