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¿Por qué ganó el MAS? I

Álvaro Puente 29/10/2020 05:00

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Pues sí, ganó porque fueron inmensa mayoría. Fueron una multitud que no imaginábamos. Nadie se había dado cuenta de que tantos pensaban así, de que sentían así, de que soñaban así y las elecciones nos lo dijeron de golpe, como un mazazo.

Esa misma población que ahora fue mayoría, nos respaldó el 21 F, cuando exigíamos renovación, cuando pedíamos que en elecciones tengamos siempre líderes nuevos, ideas nuevas, ilusiones y corajes nuevos. Estuvieron de acuerdo y con ellos fuimos mayoría.

Cuando exigíamos una justicia nueva y sana, cuando había que rechazar la farsa de las elecciones judiciales de Evo Morales, estuvieron de acuerdo y fuimos abrumadora mayoría que invalidamos el proceso.

Nos acompañaron en la insurrección de octubre del año pasado. También ellos destruyeron el fraude salvaje. También ellos decidieron poner fin al reinado perpetuo del presidente tirano.

Cuando contamos con ellos para construir lo nuevo siempre fueron parte de la rebeldía. No han dejado de querer un país mejor y de poner el hombro para conseguirlo, pero un país mejor es un país que los toma en cuenta.

Fueron críticos duros de los errores y desmanes de aquel Gobierno que había sido suyo, pero llevan en el alma que su sueño lo concibieron con él. Así llegaron a las elecciones. ¿Cómo las vivieron? ¿Cómo decidieron?

Llegó el Gobierno nuevo, el Gobierno interino del cambio. Pero llegó con los mismos absurdos, con la misma mediocridad, con la misma deshonestidad, del Gobierno que acabábamos de despedir, pero sin sus pasados brillos de esperanza. Gobierno de soberbios y de odiadores. Gobierno sin norte y sin fe. Gobierno que en un año solo se contempló a sí mismo. Gobierno que se emborrachó de poder a la semana de entrar a Palacio. Gobierno que no atendió ni uno solo de nuestros problemas ¿Podían votar por ese cambio?

La ambición no solo devoró a la presidenta. El líder de la insurrección también fue seducido y sucumbió en minutos. El que juró que no buscaba el poder, corría desesperado tras él, destrozando lo que había construido y dividiendo lo que había unido.

¿Y el rebaño de candidatos y pretendientes? ¿Quién de todos ellos le habló a ese pueblo? ¿Quién se ocupó de sus angustias y de sus dudas? ¿Quién se dio cuenta de que aquello de la interculturalidad era su vida? ¿Quién les dijo que quería construir un pueblo en el que serían iguales las importancias y los derechos de todos? ¿Quién dejó ver que le importaban los hijos de todos ellos? ¿Quién sembró optimismo? ¿Quién inyectó ilusiones? ¿Quién mencionó sus frustraciones?

Solamente lo hicieron los herederos del MAS. A su manera, les renovaron las esperanzas. Mostraron rostros, promesas y formas nuevas, como ningún otro candidato supo hacer. Llenaron el vacío que habíamos dejado todos al descubierto y reconquistaron al que nadie había intentado enamorar.

Ahora inventamos fraudes que no existieron, porque no podemos explicarnos lo que pasó, porque no tenemos valor para reconocer nuestra culpa y porque no tenemos coraje para empezar de nuevo a construir lo que destruimos. Buscamos culpables de un descalabro del que somos culpables nosotros y son culpables los nuestros. Nuestra ignorancia y nuestra indiferencia han hecho el resultado ante el que ahora nos rebelamos.