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OPINIÓN

¿Por qué nos han bloqueado sin medida ni clemencia?

Rosa Talavera S 24/8/2020 03:00

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La adhesión que han mostrado los pobladores de las áreas rurales, sobre todo de los valles y el Altiplano, a los bloqueos convocados por sus organizaciones nacionales y locales en medio de la más grave crisis de salud que ha vivido el país y con un motivo que parecía totalmente irracional, en verdad responde a una realidad que es importante asimilar: Que los pueblos “indígena-originario-campesinos” (IOC) están dispuestos a dar las más duras y destructivas batallas para preservar los avances reales y simbólicos que han logrado durante el gobierno del MAS y que actualmente ven amenazados por el resurgimiento de pulsiones de muy antigua data que laten fuerte en algunos sectores.

Ha sido frecuente escuchar, entre los sectores citadinos, tanto antes, pero con más frecuencia después de la fuga de Evo Morales, frases como “hay vida después del Estado Plurinacional” o, en el extremo, “debemos recuperar la Constitución de 1994” (como dijera hace poco Sánchez Berzaín), que muestran un abierto rechazo a la Constitución mayoritariamente aprobada el 2009 que, en el plano simbólico más alto, se epitomiza en el cambio de la denominación oficial de nuestro país, de República de Bolivia a Estado Plurinacional de Bolivia. 

Esta ilusión de volver al pasado, se ha hecho más evidente desde la toma de posesión, biblia en ristre, de la presidente Jeanine Añez, y la juramentación de sus ministros invocando a Dios, en un Estado que constitucionalmente se define laico. Asimismo, y de manera paulatina, el gabinete de ministros registró modificaciones que terminaron dejándolo integrado exclusivamente por personas provenientes de sectores urbanos de clase media, para mencionar solo cuestiones de forma relativas a la gestión gubernamental, a pesar de que indudablemente esta misma inclinación ha orientado la adopción de otras medidas, sobre todo en política económica.

La reivindicación de volver a llamarnos República de Bolivia, se escuda en un artificial antagonismo entre los conceptos de Estado plurinacional y Estado republicano; artificial, porque el primero de ellos alude a la presencia de naciones diversas en el territorio sobre el que se asienta nuestro Estado, mientras que el segundo, alude a la estructura organizativa republicana consagrada desde la fundación de Bolivia y reconocida claramente en la Constitución Política vigente. 

En realidad, ese deseo es solo otra forma de expresar la resistencia de algunos sectores a los cambios que se han producido en el país y que han tenido como resultado palpable una revalorización de la cultura y de la presencia, en los distintos niveles de gobierno y poderes del Estado, de los pueblos preexistentes en el territorio que hoy es Bolivia. Pero lo más notable y preocupante para quienes creemos en la necesidad de construir un país inwclusivo, es que esta tentación de ir hacia atrás, ha sido varias veces expresada por la presidente, especialmente a partir de su mensaje en el acto oficial del pasado 6 de agosto, en el que se eliminó del escenario tanto a la Whipala como a la bandera del Patujú, símbolos que se mostraron en los primeros meses de su gobierno; en su discurso, que estuvo lejos de ser un informe de gobierno, como correspondía a la fecha, la mandataria omitió deliberadamente referirse al Estado Plurinacional y fue presentada como presidente constitucional de Bolivia. En la misma línea, en un reciente discurso de marcado tinte electoral, pronunciado ante los agroindustriales cruceños, se ha declarado, de manera reiterativa, partidaria de la República, llegando casi a sugerir que ella es, entre los candidatos que ocupan los tres primeros lugares en las últimas encuestas, la única esperanza para recuperar la plena vigencia de los principios republicanos.

Frente a estas evidencias, es comprensible que los pueblos IOC vean con temor la posibilidad de que los avances que han logrado durante el gobierno de Evo Morales, sean barridos por cualquier gobierno que no sea el del llamado “instrumento para la liberación de los pueblos”. 

Por ello el desafío para quienes aspiran a ganar las próximas elecciones y ejercer el gobierno en condiciones de normalidad social es ofrecer a estos pueblos la seguridad de que, como ciudadanos del Estado plurinacional y republicano, no volverán a la situación de invisibilidad, discriminación, abandono y pobreza extrema en la que se encontraban hasta principios de este siglo.

La realización expresa de ese compromiso y su cabal cumplimiento, a diferencia de lo que ha ocurrido en el tiempo del prebendalismo y la degradación que marcó la relación entre el gobierno del MAS y los dirigentes de las organizaciones sociales indígenas y populares, y con las autoridades de los municipios rurales, es la única garantía que tenemos los bolivianos de convivir en paz en los próximos cinco años y avanzar durante ese periodo hacia la construcción de un país en el que, sin desconocer nuestras diferencias, podamos forjar una comunidad pluricultural y multiétnica, en la que todos nos sintamos representados y con iguales oportunidades para desarrollar nuestro potencial individual y colectivo.

Elijo terminar con una nota optimista, recogida del primer cabildo digital que tuvo lugar el domingo pasado en el país, con una participación inesperadamente alta. Casi al final del evento, desde El Alto un ciudadano reclamó porque en el momento de cantar el himno nacional, no había ondeado la whipala junto a la rojo, amarillo y verde, y pidió que se volviera a cantar el Himno, con la whipala en alto, pedido que fue inmediatamente ejecutado por quienes dirigían el cabildo.



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