Opinión

¿Por qué podemos esperar lo mejor del fallo de la OEA?

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8 de noviembre de 2019, 3:00 AM
8 de noviembre de 2019, 3:00 AM

Por: Rodrigo García Ayala

La demanda que tenemos los bolivianos de que se respete el voto depositado en las urnas es legítima. Uno de los pilares de la democracia es la representación de la voluntad popular a través de elecciones libres y transparentes.

 Esta demanda nos une hoy de una forma que no había visto en mi vida. Necesitamos saber si hubo fraude o no. Y si lo hubo, exigir nuevos comicios. No podemos conformarnos con menos que eso. Ante la ausencia de un árbitro nacional confiable dependemos de la OEA.

Los indicios de fraude son grandes y la mayoría apunta a que se favoreció al binomio del MAS. Se cuenta con varios esfuerzos que documentan irregularidades que se considerarían serias en cualquier proceso electoral en el mundo. Sin embargo, estos esfuerzos no son definitivos, oficiales ni vinculantes. El MAS rechaza las acusaciones de fraude.

En este escenario necesitamos una tercera parte que dirima. La cuestionada imagen y pésimo actuar del Tribunal Electoral lo descartan como un árbitro válido. 

Las Fuerzas Armadas y la Policía no pueden ni deben tomar ese rol y es poco probable su participación por varias razones, entre ellas porque el mandato constitucional, incluso si es carente de legitimidad en las calles, permanece con el presidente Morales. Nos queda, quizás lamentablemente, la OEA como el actor que puede poner paños fríos en el país y ofrecernos una salida pacífica. La buena noticia es que la OEA puede juzgar a favor de la democracia en Bolivia y existen razones para el optimismo.

Primero, desde lo estrictamente técnico, el margen de la victoria de Morales fue muy estrecho y las irregularidades documentadas son tan grandes que no sería difícil demostrar que la diferencia en la primera vuelta de las elecciones no superó los 10 puntos. 

Las investigaciones más serias dan cuenta de serios problemas en el proceso desde el 20 de octubre. Después de la desatinada decisión de cortar de transmisión de resultados por parte del Tribunal Electoral se habrían manipulado actas para favorecer al binomio del MAS a través del traspaso arbitrario de votos a su favor, inconsistencias en el número de votantes inscritos y votos válidos por mesas, modificación de los resultados en actas ya validadas, entre otros. El informe de Edgar Villegas y su equipo dan cuenta de alrededor del 3% de las actas tienen errores en las sumatorias y alrededor de 8% de las actas no superarían la validación necesaria, lo que representa más de 500 mil votos. 

Rómulo Chumacero, profesor de la Universdad de Chile, documenta que los patrones antes y después del apagón son demasiado distintos para considerarse aleatorios. Es decir, incluso en el escenario más conservador, la OEA podría señalar que la decisión del Tribunal Electoral de declarar a Evo Morales ganador en primera vuelta fue apresurada y torpe.

Segundo, y muy importante, la OEA es un organismo político y actúa como tal. Cuando Almagro vino a Bolivia en mayo la prioridad regional más importante era Venezuela. Juan Guaidó había logrado posicionarse como el presidente legítimo ante los ojos de la comunidad internacional y se buscaba el bloqueo contundente a Maduro al interior de la OEA.

Almagro marcó su posición al respecto, llegando incluso a requerir la intervención foránea en Venezuela. En aquella ocasión, la repostulación (ilegal) de Evo era un problema menor para la región, situación que podía esperar. Ahora el contexto regional es distinto. La presión de Guaidó se desinfló y, si de verdad se busca reafirmar la democracia en la región, la situación de Bolivia es la prioridad del momento para la OEA.

Finalmente, la presión en las calles es un factor. Un fallo ratificando los resultados ofrecidos por el TSE podría tener consecuencias nefastas. La población se sentirá defraudada y sin mayor alternativa que radicalizar la violencia. El gobierno tendrá la justificación legal para el uso de la fuerza.

El fallo de la OEA será conservador, no podemos esperar más. Eso lo señala el historial de intervenciones de la organización. En el mejor de los casos sugerirán la realización de la segunda vuelta, pero nos ofrece la mejor oportunidad de pacificar el país.

El gobierno deberá respetar el resultado de la auditoría que ellos mismos encargaron y se podrán llevar las demandas de la calle a una mesa de negociación. Será el momento de pedir elecciones libres y con un nuevo árbitro electoral legítimo y transparente.

La violencia se ha escalado a niveles que nos duele a todos. Desde la sociedad, a través de la resistencia civil, debemos exigir procesos electorales transparentes y legítimos. 

En el escenario en el que estamos debe ser también la sociedad civil la que apoye una salida democrática y negociada. La civilidad y entereza de la mayor parte de los bolivianos estuvo a la altura de la historia, confiemos que la OEA también lo esté.

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