Opinión

EDICIÓN IMPRESA

¿Por qué tenemos la sensación que se repiten los hechos? (III)

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6 de enero de 2020, 3:00 AM
6 de enero de 2020, 3:00 AM

Ya identificamos la recurrente inestabilidad político institucional como el elemento generador de la sensación de una historia repetitiva en Bolivia. Asimismo, ensayamos explicar dicha inestabilidad por la contradicción entre los predominantes valores conservadores y religiosos donde priman la comunidad y la autoridad, en contraposición al desarrollo de las capacidades autónomas de libertad individual, junto a la contradicción entre la escasa valoración de la competitividad, la ciencia y tecnología frente a una economía de mercado globalizada y competitiva.

Pero en un segundo momento añadimos como otro elemento explicativo la ausencia de confianza, tanto entre ciudadanos/as como entre las colectividades, desconfianza además de las normas y de las instituciones, siendo la desconfianza un factor constitutivo de la cultura política que debilita el capital social en Bolivia.

Continuando con esta aproximación por desentrañar los factores que explican la inestabilidad político institucional desde las subjetividades sociales predominantes, corresponde indagar, ¿qué tan felices se sienten las y los bolivianos?

Los datos obtenidos por la Encuesta Mundial de Valores en Bolivia, al igual que los diversos estudios mundiales que miden el bienestar subjetivo de los países, muestran que el promedio de felicidad para Bolivia es de 69,3 puntos en la escala que va de 0 a 100, situándose en un nivel medio de felicidad a nivel mundial, pero en comparación con la región latinoamericana el país presenta uno de los promedios más bajos.

Por otra parte, un análisis multivariado indica que los factores que se relacionan de manera positiva con la felicidad y satisfacción con la vida de las y los bolivianos son: el nivel educativo, el nivel de ingresos económicos y estar laboralmente activo.

Por otro lado, los factores que influyen para que las y los bolivianos se consideren menos felices son: hablar una lengua materna indígena, tener mayor edad y en menor medida el ser mujer. En otras palabras, la personificación de la felicidad en Bolivia sería hombre joven con estudios superiores y un buen ingreso económico.

En Bolivia, el dinero sí significa felicidad, pero además contar con mayores recursos económicos es determinante en las variables de salud, libertad de elegir y satisfacción con la vida.

Si relacionamos el grado de satisfacción con el nivel de ingresos económicos, existen 16 puntos de diferencia desfavorables para los sectores con ingresos más bajos en relación con los de ingresos más altos.

La influencia del ingreso económico no solo repercute en el acceso a bienes y servicios, sino que también otorga a las y los bolivianos niveles mayores de libertad y control sobre sus vidas. Este dato no es menor si consideramos que la libertad de elección está ligada a la autonomía personal que sirve como base para la generación de mejores expectativas de vida.

Junto al nivel de ingresos está el nivel educativo en la gravitación favorable sobre el grado percibido de felicidad. Este resultado es un dato alentador si se considera el carácter transformador que una educación de calidad puede brindar a las personas en lo que se refiere a sus niveles de satisfacción personal.

Sin embargo, por el otro lado los niveles de felicidad presentan un escenario desfavorable para las personas que se auto identifican pertenecientes a algún pueblo indígena del país, y es aún más fuerte para la población femenina auto identificada como indígena.

El área de residencia también es un factor importante al momento de analizar el bienestar, puesto que de acuerdo a los datos existe una evidente urbanidad la felicidad en Bolivia.

En cuanto a las brechas intergeneracionales, las y los jóvenes reportan nítidamente una mayor felicidad que los adultos y más aún que los adultos mayores.

En suma, en Bolivia persisten brechas importantes en la dimensión subjetiva del bienestar que tienen como perdedores a pobres, indígenas, mujeres y adultos mayores, inequidades que están en la base de la inestabilidad político institucional, siendo un llamado de atención para la generación de políticas públicas más incluyentes.

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