Opinión

¿Por qué tenemos la sensación que se repiten los hechos? (IV)

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29 de enero de 2020, 3:00 AM
29 de enero de 2020, 3:00 AM

Guillermo Dávalos - Sociólogo

Las tres anteriores entregas atribuyen a la recurrente inestabilidad político institucional como el generador de la sensación de una historia repetitiva en Bolivia e intentan explicar la misma desde las subjetividades predominantes en el imaginario colectivo permeado por valores conservadores y religiosos donde priman la comunidad y la autoridad, en desmedro del desarrollo de las capacidades autónomas de libertad individual, reforzado por la escasa valoración de la competitividad, la ciencia y tecnología a contrapelo de una economía de mercado globalizada y competitiva.

Otro elemento explicativo de la recurrente inestabilidad político institucional al parecer radica en la escasa confianza, tanto entre ciudadanos/as como entre las colectividades, desconfianza además de las normas y de las instituciones, siendo la desconfianza un factor constitutivo de la cultura política que impide traducir la elevada capacidad de movilización ciudadana en acciones propositivas en búsqueda del bien común, lo que podría traducirse en el desempeño del país en términos de estabilidad democrática y desarrollo con equidad, sustentado con significativos niveles de capital social.

Como corolario de este ensayo salta la interrogante respecto a ¿cuán felices se sienten las y los bolivianos? Y al respecto, si bien a escala mundial nos situamos en un nivel medio de felicidad; sin embargo, persisten en Bolivia brechas importantes en la dimensión subjetiva del bienestar, situando como perdedores a pobres, indígenas, jóvenes, mujeres y adultos mayores, inequidades que están en la base de la inestabilidad político institucional, siendo un llamado para que las y los futuros aspirantes a la conducción del país ensayen respuestas a algunas de las siguientes interrogantes:

¿Cuál el modelo de desarrollo nacional o más específicamente cual la estrategia para superar el modelo extractivista, prebendal, rentista e inequitativo?

¿Cuál la estrategia de preservación y aprovechamiento de la extraordinaria biodiversidad y del patrimonio cultural de Bolivia?

¿Es posible superar la subalimentación en Bolivia? ¿Es posible declarar a Bolivia país libre de mendicidad y de personas en situación de calle?

¿Cuál la estrategia para convertir el llamado bono demográfico traducido en una población mayoritariamente joven en una ventana de oportunidad que permita al país dar un salto en su desarrollo?

¿Cómo transitar del enfoque educativo centralista, repetitivo y memorístico, enfocado en el docente a un sistema altamente descentralizado, orientado al desarrollo de la inteligencia emocional y de las habilidades y destrezas técnico científicas de los niños, niñas y adolescentes en tanto sujetos de derecho?

¿Seguirá siendo una quimera el derecho a la vida y la salud?

¿Cuál la estrategia para avanzar de manera efectiva en la transformación de una sociedad racista, patriarcal, machista y adulto céntrica?

¿El actual régimen autonómico es efectivamente un instrumento para superar el desarrollo desigual por la vía de una equitativa distribución del excedente nacional? ¿Habrá que avanzar hacia un sistema federal sobre la base de una regionalización por encima de la división político administrativa?

¿Será posible contar con un sistema de justicia que amerite ser tal?

Son entre otras las mismas interrogantes que planteamos en la anterior elección y lo hacemos porque si bien ensayaron algunas propuestas los aspirantes a la conducción del país; sin embargo, no fue posible reflexionar sobre ellas al carecer de espacios comunicacionales democráticos, espacios que deberían ser articulados, concertados y sustentados con una base sólida de datos que den cuenta del estado de situación de las temáticas a ser abordadas, pero que además comprometan en esta tarea a académicos e investigadores comprometidos con la realidad y las aspiraciones nacionales.

En este sentido me permito implorar a los candidatos y a los medios de comunicación nos permitan ejercer el derecho básico a la información, a conocer para participar y sobre todo para decidir y lo hago convencido de que esta es la única manera de superar la llamada “democracia plebiscitaria” por la cual las elecciones se convierten en plebiscitos personales, en los que las adscripciones afectivas suplantan al debate de programas y la política se decide en función de la retórica mediática.

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