Opinión

Por una salida en paz a esta crisis política

7 de noviembre de 2019, 3:00 AM
7 de noviembre de 2019, 3:00 AM

¿ Qué se puede hacer cuando hay dos posiciones extremas que no ceden y tienen a un país enfrentado y violentado? La situación de Bolivia parece estar fuera de control.

Tras 15 días de protesta las agresiones escalan en intensidad y la cuenta de heridos sigue en ascenso, mientras no se vislumbra una salida a esta tremenda crisis política.

Cochabamba se desbordó. El ataque de afines al MAS para desbloquear derivó en peleas campales, rumor de víctimas mortales, el edificio de la Alcaldía de Vinto incendiado y la alcaldesa agredida y como rehén; también fue quemada la sede de los cocaleros. 

El martes por la noche también hubo enfrentamiento en La Paz con un saldo de casi una decena de heridos, eventos que se repitieron la jornada de ayer. En El Alto, un fuerte contingente policial impedía que se agredan los seguidores de los cívicos y los del Gobierno.

En la sede de Gobierno y Oruro también hubo agresiones. En La Paz se filmó a personas sobre el techo del Ministerio de Salud lanzando piedras contra los manifestantes, mientras los últimos intentaban tomar el edificio de esta cartera de Estado. En Oruro, masistas y universitarios se agarraron a golpes y a pedradas.

Las víctimas del salvajismo tienen graves lesiones. En la calle se desata la bronca que se acumula frente a la falta de grandeza de los líderes.

Los periodistas, que trabajan con el fin de mantener informada a la ciudadanía, también han sido blanco de ataques, de parte de gente irracional que no comprende que la responsabilidad del periodismo es la búsqueda de la verdad y no la militancia en una causa particular. El trabajo sacrificado que hay detrás de cada reporte noticioso ha sido lamentablemente juzgado por quienes dicen (unos y otros) que defienden la democracia y la libertad de expresión. 

En EL DEBER no han sido uno o dos, sino varios los reporteros y ejecutivos que fueron agredidos. A pesar de ello, esta casa periodística mantiene firmes sus principios y compromisos de servicio a la sociedad, a la que se debe.

No se puede soslayar que esta escalada de violencia ha sido propiciada por los discursos extremos. 

El presidente que insiste en marcar una división entre el campo y la ciudad, que agradece a sus seguidores que salen a las calles con palos y piedras y que, a pesar de la auditoría de la OEA, de las denuncias de fraude y de la inconducta del TSE, insiste en que ganó las elecciones en primera vuelta. Por otro lado, los cívicos militan en el todo o nada, lo que también propicia que la actitud radical de la calle haga a un lado la razón y deje prevalecer la violencia. No es posible que en Bolivia se esté aplicando la ley del talión, generando enfrentamientos entre los hijos de una misma patria. La intolerancia es la regla de este momento.

Es urgente buscar una salida que no implique el desastre y el luto en las calles. Los líderes que están a cada lado de esta crisis política deben comprender que no se puede considerar que las víctimas son “daños colaterales”. Hace falta desarmarse y pensar en el bienestar de Bolivia, en la paz del país tan dañado en este momento. Dejar las tribunas ante las masas y sentarse frente a frente para encontrar una salida es la única manera de acabar con esta situación desastrosa que vive Bolivia.

Independientemente de cómo vaya a pasar esta noche oscura por la que atraviesa el país, las heridas abiertas tardarán años en cicatrizar. Los bolivianos ya habíamos aprendido a convivir, a aceptar las diferencias, pero ahora todo eso ha sido tirado por la borda, dejando que las diferencias de raza y de clase se conviertan en bombas que pueden estallar en cualquier momento.



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